11 marzo 2009

Las gargantas del frío



LAS GARGANTAS DEL FRIO


Lo que molesta
son las nubes escondiendo al sol,
el andar de gris de todo el aire,
las caras aletargadas de los árboles,
la pozoñosa ronda de la melancolía
hipócrita y sedosa.
Las ganas de ser cachondamente triste.

Lo que molesta
es ver la lentitud con que viene el frío,
patriarca de la muerte,
a meterse en los huesos de los vivos.

En verdad,
lo que molesta
es que el frío, de verse, se contagia,
que las manos se hacen torpes,
que los músculos del corazón
y los músculos de la cabeza se endurecen.

Los coches que pasan y remueven el aire
se detestan.
Y no falta quien eche un grito,
helado como la piel de las serpientes,
en el momento en que el termómetro
baja del infierno del frío al más allá.

Y es molesto
que esos gritos
y ciertas palabras clandestinas
y alguno que otro verso
se congelen como estalactitas en el aire
poniendo en peligro la seguridad
y las cobijas
de algunos cientos de ciudadanos
ampliamente protegidos del frío
por el Estado.


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