Epílogo


Llegó a su fin este blog. Cumplió su objetivo, que toda la poesía publicada por Alejandro Aura esté en Internet, para siempre y en cualquier lugar, sin los límites del mercado editorial. Así lo proponía él al iniciar su blog: 20feb2007. Una parte de la poesía quedó en su blog, el resto en este que se despide.

Se acaba porque elijo la finitud de los blog, lo dejo en esta estantería del ciberespacio a disposición de los lectores presentes y futuros. Veré la manera de guardar una violeta africana para que se seque entre sus cibernéticas páginas, para que se sienta libro, este blog.

Camino hacia mi nueva vida y yo también me pregunto: ¿con qué ojos nuevos te veré?.

Quedaron en el tintero muchos temas, y muchos que vendrán, los siete años que estuve con Alejandro me darán para toda la vida, con su esencia azul quedé teñida como esta agua:

video

AZUL
De Milagros para Alejandro
Música: Azul, de Agustín Lara, por la orquesta que lleva su nombre.

.. en la mazurca de aquel poema


Eva María Zuk toca en el piano la mazurca de Ricardo Castro es uno de los versos del poema "Para hablar de economía", mi certeza de que el disco estaba en casa se confirmó ayer que me di a la tarea de buscarlo.

Escúchalo:

Mi certeza de que Alejandro lo escuchaba mientras escribía ese largo poema, es tan fuerte como que el poema es un retrato mío picassiano, aunque sienta muy extraño cada vez que lo miro, sé que contiene mi esencia.

.. en aquellas lecturas matinales


Ya en la cuenta atrás de este blog, acercándome al final, consciente de que será una memoria de lo que fue mi relación con Alejandro, echo de menos algunas cosas no contadas, “ciertas minucias magníficas”.

La primera que quiero dejar en estas páginas no impresas es las lecturas matinales de la Metamorfosis de Ovidio. Desde que comenzamos a compartir el amanecer dominical, después del desayuno, tomaba el libro y una tras otra iba yo conociendo las increíbles transformaciones de los más variados personajes. Cuando se acabó tomó de la estantería “Las mil y una noches” que se fueron convirtiendo en mil y un amaneceres de domingo.

Buscando porqués de este placer, quizá necesidad, he ido a su blog, y esto he encontrado, Primero cuando presentó en el Instituto Cervantes “Se está tan bien aquí”:

Porque la verdad es que lo que más disfruto en la vida es la lectura en voz alta de mis poemas; ante otros, se entiende, porque leérselos en voz alta a la pared no me divierte. Como soy actor tengo soltura y recursos y así como lo gozo procuro que lo paladeen quienes me escuchan.

Y esta, muy contundente, sobre cómo leen muchos poetas: Leer en voz alta

Yo, lectora solitaria, me sentía extranjera en este territorio de la lectura en voz alta, y puedo confesar que es ahora, ahora que no está, cuando más disfruto de escuchar su voz. Me pesa no haber grabado, no haber enlatado en archivos de audio todas y cada una de aquellas mañanas.

Tambor interno 23



23


Duérmame yo, pesadamente silencioso
pensando ser estrella;
prófugo del día pasado de la fuga,
compañero de nadie,
perseguido, perseguido
–ya sé que me persigo.

Despertar
es un juego de asombros
que embellece.

.. en sus cosas



Muñequita del Rastro

Hoy he fotografiada una de las cosas que nombra Alejandro en uno de sus últimos textos del blog: Mis cosas. Me gusta especialmente porque cada vez que lo leo encuentro algo distinto, en parte, por que lo siento materia de testamento, bueno mejor dicho de "no testamento" de lo que no se puede legar; y, por otra parte, por lo breve, ya que siempre procuraba que los escritos ocuparan lo mismo como si de una columna del periódico se tratara, con la ilusión y la intención de que algún día formaran parte de una publicación.
Por lo tanto, lo breve, que rompe la norma, es totalmente intencionado y le da una consistencia y hasta diría una textura al texto, que se acomoda con facilidad en un huequito del alma cada vez que lo leo.

Tambor interno 22



22


Las palabras rosadas
sorprendidas en el vaivén del titubeo
le dan vena y vestido
al mundo que vivimos.

No digo que el amor es esto y es aquello
porque no vine a decirlo.

No digo más sino que estoy floreado de la piel del alma
y así
saludo el día.

Ay, qué corto tiempo,
qué pequeña canción.

.. en La hora íntima de Agustín Lara


Hoy dejo que paledeen la prosa de Alejandro en el epílogo de este libro, que recoge la comunión ..Lara-Aura-Lara..:





Epílogo
Yo, autor de canciones, hombre público por voluntad manifiesta, conocido como Agustín Lara en mi tierra de origen (había, yo me acuerdo, un platanar altivo y poderosas corrientes de agua que arrastraron lo que hubo antes de mí) y conocido y celebrado en el mundo entero —me declaré jarocho y lo sostengo desde el manto de estrellas cuya fugacidad quedó rota al recibir mi ánima en resguardo. Ahora es un tiovivo de alegría compartida. Me alegra ver tanta igualdad al fin— hombre que tuvo consigo mismo un duelo a muerte celebrado frente a los ojos de innumerables mujeres llenas de asombro, todas estupendas (a veces no sabían qué hacer, las pobres, creyendo que de ellas dependería el resultado), de ver a un flaco gladiar contra una sombra siempre más apuesta, vigorosa, inteligente que el de carne y hueso.
Yo, digo, autorizo al poeta Alejandro Aura, hombre de gran corazón y escasas luces, como yo mismo, a decir de mí todo lo que pase por su lengua iluminada y digo que es cierto, que él ha visto a través del éter los verdaderos impulsos que movieron las cuerdas de la espiritualidad que me tensaron a lo largo y a lo ancho (escaso) de mi resistente vida.
Eran cuerdas de fino material, jamás se reventaron, aguantaron el peso y los tirones, sostuvieron excesos de todo tipo y me columpiaron sin temores. ¡Qué fiesta fue!
Sólo una cosa le reprocho a Aura: que no me haya conocido en vida, que no me haya buscado la voz, que haya tenido tan pequeña el alma joven que no cruzó palabra conmigo. Porque morí a sus veintiséis años, y el mundo estaba todavía al alcance de los que lo habitábamos. Y yo allí, viejo y todo.
No tuve amigos. Tampoco tuve amor. Me entregué a la música con pasión total. Y a una idea fija. Si algo queda de mí, será lo que inventé. El personaje que inventé. No me arrepiento, tuve todo lo que quise y a todo le puse mi nombre. Y no quise más.
La densidad del cielo en que me muevo ahora, ya sin felicidad y sin zozobra, es semejante a.unas olas conscientes de sí mismas, aburridas, que vinieran a la playa a ver pasar los ritos castos y terribles de la especie humana.
Allá va por la arena una esfinge en tanga escasa moviendo las caderas con susurros candentes pero demasiado largos en la idea del tiempo que se tiene en vida. Vista desde atrás tiene el peso movible de las verdades, a medias cubiertas y a medidas enseñadas. Para nosotros, desde acá, es botana. Unos querubines que acaban de pasar a mi lado, maloreando, movieron las lenguas húmedas e hicieron gesto que si no fueran
de ellos serían obscenos. No tengo nada que decirle ya, que siga, que otros la canten. Que jueguen otros a desentrañar sus poderosos enigmas.
Desde este lado contemplo la vacuidad de la imaginación. Me río. Los agustines laras me dan risa. Los alejandros auras también me dan risa. Era todo tan fácil después de todo, era tan fácil...