
La primera que quiero dejar en estas páginas no impresas es las lecturas matinales de la Metamorfosis de Ovidio. Desde que comenzamos a compartir el amanecer dominical, después del desayuno, tomaba el libro y una tras otra iba yo conociendo las increíbles transformaciones de los más variados personajes. Cuando se acabó tomó de la estantería “Las mil y una noches” que se fueron convirtiendo en mil y un amaneceres de domingo.
Buscando porqués de este placer, quizá necesidad, he ido a su blog, y esto he encontrado, Primero cuando presentó en el Instituto Cervantes “Se está tan bien aquí”:
Porque la verdad es que lo que más disfruto en la vida es la lectura en voz alta de mis poemas; ante otros, se entiende, porque leérselos en voz alta a la pared no me divierte. Como soy actor tengo soltura y recursos y así como lo gozo procuro que lo paladeen quienes me escuchan.
Y esta, muy contundente, sobre cómo leen muchos poetas: Leer en voz alta
Yo, lectora solitaria, me sentía extranjera en este territorio de la lectura en voz alta, y puedo confesar que es ahora, ahora que no está, cuando más disfruto de escuchar su voz. Me pesa no haber grabado, no haber enlatado en archivos de audio todas y cada una de aquellas mañanas.
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