04 abril 2009

Canción del terco



CANCIóN DEL TERCO

Me dijeron que no,
terco mi pulso ha latido siempre,
porque es difícil azar
tomar del rabo la margarita justa,
del tallo, como dicen los hijos de Dios;
es muy difícil el canto,
puede ser,
a mí se me hace fácil.
Dice y dice me dijeron
todas las cosas que se dicen
cuando un lírico sucede a una familia:
sólo la paz de una buena casa
quiere el hombre,
sólo su buen aroma de cocina,
sólo su dormidor sillón, su chimenea
quiere el hombre.
Yo también, para todos;
yo también, pero cantando.

Me dijeron que no,
ah, terco, cómo me lates fuerte,
que mejor me callara: la soledad,
la indefectible soledad humana,
su presencia de nube, su esfumino,
la existencia de un algo y una nada
entre mi voz y tus ojos;
entre mi voz y tus ojos abiertos
lo que tu vista alcance, nada más;
y cerrados,
lo que mi voz te diga, nada más.

Que no,
pero no les hice caso
y me puse a trabajar;
oh qué terquedad la de mi pulso
que aunque yo me duermo
no me deja en paz;
y entre un oficio y otro
aquí me tienes.
Ahora tira tu lanza contra mí,
dime algo.



Escúchalo en voz de Marta Aura:


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