07 marzo 2010

Ronda por tres caminos para un amigo viejo: uno



RONDA POR TRES CAMINOS PARA UN AMIGO VIEJO



Uno:


Efraín Huerta,
agua del mar,
botella vieja,
eras mi amigo, camarada.

Ibamos a mirar el bosque
plantado a partir de tu ventana
y recibíamos en silencio la paz de los humanos.
De hombre a hombre, botella,
estuve entonces quieto y convencido.

Hago como que no me acuerdo
para no estar triste.
Pero la mano me sigue siendo piedra y flor
y sigo siendo alegre y tonto
con un gallo de viento en la cabeza.

Pero digo, paisano,
yo era el último cristo de tu especie.
Qué vas a hacer ahora
que nadie te pregunte de todo corazón
por un acento.
Qué vas a hacer tan solo en el espacio.

Te hiciste polvo
para que todos te respiren, Huerta,
para que andes anónimo en la tarde
con tus millares de palomas blancas,
con tus azaleas camina que camina,
con tu novia urbana de piedra y geografía;
polvo te hiciste
para entrar en el muslo de las niñas
a oír el aria del misterio,
para entrar en las axilas torcazas
de la ciudad en que vivimos.

Hulla te hiciste, astuto,
y vuelas
y rondas las camisas de los tendederos
y rondas mi corazón un poco
y rondas las casas de los pobres
como una paloma de San Juan
que tiene frío.

A secas dejaste en el pan de ser mi amigo,
en el camión, en la garganta,
en este siglo
y en la lluvia y su dios aquel de la piedrota.

Agua del lago viejo,
sacristán de qué campanas,
me acuerdo bien de que nos dimos la mano
muchas veces.


Escúchalo en voz de María Aura:

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