31 julio 2009

Paso de paseo (VIII)



VIII

Y echamos a correr, algún olor imprevisto llenó el aire
o quizás una puerta se abrió, o voló un pájaro negro
cerca de nosotros, o alguien desde un edificio alto
nos escupió en la cara,
o alguien me dijo que eso era la paz, que el amor había llenado esta ciudad
y no había nada que hacer para mover tanta belleza,
y corrimos dos calles, siete calles,
y un altoparlante trataba a toda costa de que oyéramos
su fraternal consejo, su advertencia;
entonces entramos en una armería de la que saqué un fusil
de alto calibre con que comencé a disparar en todas direcciones.
Uno a uno caían los limpios ciudadanos,
apestaban a ocio y a lavanda
y hacían bellas fuentes de sangre;
vi entonces que la vida es buena
y me hice ofrendas en la boca de mi compañera
hasta poco antes de que cayera sobre nosotros la primera gota
que destruyó para siempre nuestra felicidad
y mi cordura.


Escúchalo en voz de Marta Aura:


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