08 agosto 2009

.. en la página del INBA (I)



Esta semblanza de Alejandro, que realizó el año pasado Omar Alcántara, me resultó muy acertada. Está publicada en la página del INBA (Instituto Nacional de Bellas Artes):

Se va el artista polifacético

Me gusta especialmente porque detrás de los datos se ve al personaje.


Alejandro Aura (1944-2008) fue un hombre de teatro y poesía, locutor, conductor de programas de televisión, actor de cine, excelente lector en voz alta, gastrónomo exquisito, cronista del día a día. Artista polifacético e infatigable, llegó a decir sobre su vocación: “En 1963, yo creo, escribí los primeros poemas que me atreví a publicar; los di a las revistas de la época y sólo 10 años después los junté en un librito que llamé Tambor interno [publicado en 1985].” Poco tiempo después, Alejandro Aura llegaría al taller literario impartido por Juan José Arreola. Con este último como maestro, y con su sensibilidad despierta, fue becario del Centro Mexicano de Escritores en 1964; unos años después, en 1967, se le incluiría en el tomo Poesía joven de México (colectivo) de la editorial Siglo XXI.
Un fragmento de aquellos primeros poemas publicados es el siguiente: “Alguien dejó una flor de papel sobre mi mesa, /es linda y morada y verde, gracias. / Esperé una flor toda la vida, / y hoy, martes raspado de melancolía, / no sé de dónde, me ha llegado. / Pinche florecita de papel, / te quiero”. (“Cinco veces la flor”). En este fragmento ya se aprecia el singular estilo al que Aura le ha sido fiel durante muchos años: el hombre de casa representado por la mesa, la adjetivación colorida, la soledad, el asombro, los versos cortos; así como el lenguaje coloquial, el gusto por la naturaleza y la expresión de la ternura.
En 1969 se le otorgó el Premio Latinoamericano de Cuento, por Los baños de Celeste; y, cuatro años más tarde, obtuvo el reconocido Premio Nacional de Poesía (hoy Premio Aguascalientes) por su poemario Volver a casa.
Su labor como autor y director de escena también fue motivo de elogios y condecoraciones: en 1974, se premió como mejor coactuación su participación en la obra Los exaltados de Robert Musil, premio otorgado por la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro. En 1985 recibió el Premio a la Mejor Dirección de la Unión de Cronistas y Críticos de Teatro por Los totoles; y en 1990 obtuvo el Premio al Mejor Actor Cultural, por mencionar algunos de los reconocimientos que se le dieron en este rubro. Además, como dramaturgo también hizo muchas aportaciones creativas, entre las que destacaron Salón calavera y Las visitas y Bang.
Un poeta citadino
En la vida de Alejandro Aura, las ciudades no sólo fueron su inspiración, sino que también formaron parte fundamental de su quehacer social: en 1998 fue nombrado Director General del recién fundado Instituto de Cultura de la Ciudad de México, cargo en el que permaneció hasta abril de 2001. Su gestión se destacó por el fomento a la lectura, así como por la recuperación del Zócalo capitalino como espacio para espectáculos artísticos masivos. En las décadas anteriores, pocos habían hecho tanto como él para llevar las expresiones culturales a la mayoría de la población de una ciudad mexicana.
Mucho de ese amor hacia la ciudad fue expresado en el libro Volver a casa. Con el ritmo de un caminante solitario y pensativo, asimila los paisajes cotidianos: “Mutiladas las partes de la dicha / los citadinos buscamos en el cine, / en las revistas, en los diarios, / en las calles populosas / unos ojos ajenos / en los cuales un ancla nos detenga”.
La nostalgia persistente, su musicalidad de aliento suave, piden al lector detenerse frente a calles y callejones, compartir los lugares de reunión y poner atención a los resquicios, para mirar con otros ojos, para salir del vértigo de la modernidad y reflexionar, con las palabras precisas, sobre el curso de la vida.
En Volver a casa, como en la mayoría de sus textos, el humor es algo persistente y, junto a la ternura, es quizá lo más notable en sus creaciones. En este poemario hay, por ejemplo, una gran muestra de humor negro. Tal pareciera la sentencia de un brujo divertido, ante un caldero de palabras hirviendo, cuando el poeta expresa: “Sí, en verdad no hay límite, / aunque más nos/ prodiguemos con la muerte/ más vivimos; qué siniestro”.
España
En 2001, Alejandro Aura se trasladó para vivir y trabajar en otra gran urbe: Madrid. Nombrado Director del Instituto de México en España, se dedicó a una intensa labor de difusión de la cultura mexicana: cine, exposiciones, presentaciones de libros, mesas redondas, conferencias, recitales, talleres de expresión teatral y lecturas en voz alta; actividades a las que también dedicó mucha parte de su vida en México. Aura estuvo a cargo de este Instituto hasta 2003; a partir del año siguiente ocupó el puesto de Representante en España del Estado de Zacatecas.
En Madrid también fue conductor del programa radiofónico Hora México entre 2002 y 2005;labor bien conocida por él, pues en tierras mexicanas fue director de varios programas para radio y televisión: Azul, En su Tinta, Entre Amigos, Un Poco Más y De Cine y Literatura; y más recientemente, De ida y vuelta.
En España tampoco mermaron sus aportaciones para revistas culturales, otra constante en su trayectoria: Cuadernos del Viento, El Nacional, La Cultura en México, México en la Cultura, Revista de Bellas Artes, Revista Universidad de México y Letras Libres, por mencionar algunas.
“Ahí les voy”: el blog de Alejandro Aura
Recientemente, siempre hurgando en otros horizontes, el poeta decidió compartir sus textos en Internet. Al iniciar su blog el 20 de febrero de 2007, Alejandro Aura escribió:
“Por lo pronto, lo que ya es cierto es que es bien fácil escribir y ser leído por los demás sin permiso de los editores, ni de los censores, ni de los que nos quieren o dejan de querernos, sin quedar bien (ni mal) con los que manejan las redecillas de poder. Ora que el chiste es que a los demás les interese lo que escribimos, que se sepa, que todo el mundo se entere y que tengamos el toque de la varita mágica, el ábrete sésamo del interés de los demás. Y como esa es la principal característica de este medio, ahí les voy”.
Hasta ayer, martes 29 de julio, Alejandro Aura no faltó a la cita con sus lectores. Junto a la publicación diaria de cada uno de los poemas que alguna vez publicó en sus libros (Alianza para vivir, Varios desnudos y dos docenas de naturalezas muertas, Hemisferio sur , La patria vieja, Cinco veces, Poeta en la mañana, Fuentes, El halcón, además de los ya mencionados), incluyó crónicas de su vida cotidiana, donde con sencillez y amabilidad, con su alegría persistente, informaba, tanto de la invasión de los hackers a su página, como de sus diversos gustos gastronómicos o literarios, donde ocupaba un lugar especial la literatura griega.
Múltiples textos, que bien pueden ir de una pintura a la experiencia del “pinche día”. De esa página se tomaron los poemas que conformarían su más reciente libro, Se está tan bien aquí, publicado en 2007 por editorial Calamus. Un poema extraído de ese libro y ese blog, es el siguiente: “Impudor. / ¡Y pensar / que debajo de la ropa / van todas / completamente desnudas!
Aura nunca pudo evitar –él mismo lo decía– los poemas a la mujer y el erotismo. En su peculiar estilo, el chiste, el juego de palabras, estuvieron siempre cercanos a la poesía. De aquí que el humor del que hemos hablado antes sea también una de las principales características de su personalidad. Por eso no era raro encontrarnos en su blog con frases como la siguiente: “No se trata de una primera impresión sino de una salsa ya muy molida en el molcajete de mis meditaciones”.
Sin embargo, los lectores de su página –más de 90,000 visitas hasta la fecha–, no sólo gozaron de su ingenio y de sus ocurrencias: también se solidarizaron con sus pérdidas. El 22 de noviembre de 2007 escribió abiertamente: “Hace rato, pasadas las cinco de la mañana, me habló por teléfono mi hermana Marta desde México para darme una noticia terrible: se murió mi hija Cecilia. De repente. Tres días antes de cumplir cuarenta años se acabó de pronto…”.
Y como una recapitulación de lo que le llevó a abrir esa página virtual, el 1 de diciembre de 2007 hizo la siguiente reflexión: “Empecé a escribir para acompañar mis poemas porque no tenía editor para el libro último y pensaba que el cáncer podía acabar conmigo en cualquier momento; el cáncer o un piano que me cayera en la cabeza; qué incómodo, me dije, que se quede inédito. Luego lo publicaron y ya embalado me seguí escribiendo diario como en una auténtica bitácora y acabado el primer libro de poemas me seguí con los anteriores. Aunque, no; una bitácora debiera recoger acciones y omisiones de la navegación, datos concretos, rutas y derroteros y yo más bien me he puesto a escribir con entusiasmo un cuaderno de varios temas que se me van ocurriendo y que a veces tienen que ver con sucedidos cotidianos, con mis sueños, con la comida, con mi estado de salud, con lo que estoy leyendo o con recuerdos antañones”.
Inconsolable, el 9 de junio de 2008, nos compartió lo siguiente, respecto a la quimioterapia: “No puedo dejar de sentir una relativa orfandad. […] Ya desde la consulta anterior quedó apuntado que no habría más líneas de tratamiento de quimioterapia a las que acudir como no fuera repetir y recombinar algunas de las ya probadas, con el riesgo de que los efectos contrarios, que sabemos que son tan agresivos e inevitables, fueran más importantes que los posibles beneficios. […] Ante un panorama tan poco promisorio más vale suspender la quimioterapia y aplicarse a la búsqueda de tratamientos alternativos. Y en eso estamos.”
No obstante, con dignidad, con valor y esperanza, en el vórtice del dolor, Alejandro Aura siguió entregándose siempre en sus palabras. Falleció el 30 de julio, por causa del cáncer contra el que luchó hasta su último aliento.


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