25 enero 2010

.. en un sueño de otro


La primera vez que me sentí muy feliz de estar en un sueño ajeno fue en uno de Carlos Aladro, supongo que contribuyó la manera de narrarlo, no es fácil ponerles palabras a esas escurridizas experiencias nocturnas. Y siente uno que está viviendo más vida aún de la que le toca, y entonces el sueño deja de ser ajeno.
Ayer viví, con Alejandro, en este sueño del blog "Las andanzas de Don Pox": Sueño alejandrino.

El sueño me llevó a este poema Cate de mi corazón V que baila conmigo cada día desde que lo leí y lo escuché:
en voz de Alejandro Aura:


Aquí está el sueño por si desaparece del mapa de internet:

Caminaba detrás de Alejandro Aura y de Milagros, quienes iban tomados de la mano. Nos dirigíamos hacia una extraña pared de agua que se levantaba, con toda su presencia azul, frente a nosotros, sin nada que la contuviera, mágicamente suspendida en el espacio. Podría alargar mi mano y tocar esa masa de agua. Detrás veíamos a personas que se movían lentamente, braceando, algunas sin despegarse del piso, como si caminaran. Largo rato nos quedamos observando ese fenómeno, hasta que Alejandro nos indicó que era hora de continuar, así que avanzamos un poco y rodeamos esa masa de agua, para descubrir que no era tal, sino una cortina translúcida de color azul que semejaba agua. Las personas que antes observamos como si nadaran, seguían en sus movimientos, completamente secas y braceando al aire. Y ya Alejandro nos llevaba detrás de la cortina, hacia un pequeño jardín con escalones de piedra, restos de una antigua construcción, tal vez medieval. Allí llegamos a descubrir varias mesas en las que se serviría, según, Alejandro, la comida. Había mucha gente que se acercaba a él y yo no conocía. Por fin todo mundo se sentó en diversas mesas. El lugar se había convertido en uno que tenía varios desniveles, terrazas donde la gente esperaba a ser servida. Así, yo estaba en una mesa en una terraza un poco más abajo de la que ocupaban Alejandro y Milagros. De pronto, yo me levantaba y un niño me guiaba hacia una especie de establo de madera, con puertas gigantescas. Dentro veía tendida, sobre la paja, recargando la cabeza en un brazo, a una mujer desnuda, hermosa. Eso fue todo. Abrí los ojos para recibir otro día…

Publicado por Daniel y Pablo en domingo, enero 24, 2010

en "Andanzas de Don Pox"

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