03 abril 2010

La Balada del Príncipe Rojo: IX


LA BALADA DEL PRíNCIPE ROJO


IX

Había una vez un resplandor muy fuerte
con un arcoiris en el centro.
Nadie sabía qué cosa eran los lirios
ni qué cosa tan grande eran las rosas.
Estaban los nopales gordos en la sombra
como esperando, como esperando.

Las tunas estaban blancas
en los nopales
y el polvo no se movía
y el polvo no se movía.
Los cactos estaban blancos
como muchachas descoloridas
y el polvo no se movía
y el polvo no se movía.
No había pájaros en las jaulas
ni nada que hiciera ruido.
Ni los jilgueros, ni los jilgueros.

(Era de una vieja familia
que hacía pan.
Era de una vieja familia
que labraba y contemplaba;
se encantaba con el mar
como una gaviota transparente;
y cantando siempre
era un niño loco
que daba vueltas al mundo.

–Ah, dijo la salamandra,
y haciéndose pequeña
se metió en el río.

Era de una vieja familia
que hacía cabriolas en un reloj.
Y sobre todo,
era de una vieja familia que cantaba.
Es éste su origen más remoto:
una vieja familia real
que trabajaba.)

Entonces vino la corte de los colores,
la rueda de los oficios.
Y aunque no me crean,
aunque parezca cuento,
el resplandor que digo,
era del sol.


Escúchalo en voz de María Aura:

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