25 abril 2010

ZAPATO PATO O LA SOLADA


ZAPATO PATO O LA SOLADA


Ya abro la puerta y dejo que entre el sol;
ahora acabará de hacerme frío esta mañana larga;
ahora veré los árboles y los lagos y los pájaros
y los automóviles y los kioskos de la Coca-Cola.

Ya voy viendo cómo produce cambio el sol
en mi ánimo y en mi temperatura;
ya casi soy feliz...

Yo conocí que te quería
en que me daba por estar contigo
a todas horas,
y conocí que te quería
en que me daba por perderte
y te perdía.
Mía de tus pechos a mi lengua.
Yo conocí que te quería
en que me daba la noche
y no se me acababa el día.

Ya sube el sol señor del bello amor
y las palabras parecen de verdad ser dichas;
nadie dice mentira a las diez de la mañana.

Tengo sabido para siempre
que despertaré tres veces
antes de morir
para decir que sí,
que tuve mucho que ver
con todo,
y con las flores.

Señor fotógrafo,
¿quiere usted ser tan amable
de tomarme una foto
con esta novia que tengo
para que pasemos a la historia
peinados
y vestidos a la usanza del tiempo
que vivimos?
No me diga que no,
voy a pagarle con dinero.

Ya va subiendo el sol,
ya van corriendo por mis venas
calores
fundidas a la sangre.

Sol. Sol. Sol.

El mapache se parece profundamente al alma
porque tiene antifaz, come sus cosas,
se dedica al amor y hace poesía.
El aura, en cambio, se desparece al alma:
vuela con alas negras, escupe lupe,
come carroña y hace negocios con la muerte;
hay que tener cuidado con el aura.

Contemplo un campo de amapolas
humeando soluciones;
sólo la flor, la pura flor;
la fotosíntesis.



Pero ya sube el sol.

Necesito una musa, no te vayas.

Ya se despeja el aire,
ya se levanta la neblina,
ya se transparenta el mundo,
ya casi te quiero, tierra mía.

Despierten del alma los mortales,
revivan los muertos de la muerte,
de cárcel se libren los cautivos,
los guerreros líbrense de guerra
y de su gobierno gobernantes,
y vivos y muertos hagan bola
y pongan atención por ver el sol
cómo en tierra cae, y va quedando.

Iba Iseo, la de Tristán, con él,
por el Paseo de la Reforma;
vestía falda tableada
y amarilla blusa frágil
y a Tristán del mundo
caballero en su caballo;
bajo la blusa le vi los pechos
que me apuntaban,
agudos,
desesperantes,
y me di por muerto.
Flores me finaron.
Ay cuánto,
una vez y otra,
andas matando
me,
Iseo,
mujer la matadora.

Corrí a la esquina
y abordé el camión
completamente equivocado
de siglo
y de esperanza.

Ya adivino,
cualquier redondez es bola de cristal;
ya te tengo, fortuna, ya te tengo.

Está el sol en alto,
yo conozco
y sé y digo
del mediodía:
ya tengo palabras para enjugar el sol;
ya le paseo por un papel luciendo,
ya le tomo del brillo de los alambres de la luz,
de los ojos de los bien despiertos
que dan y toman palabras conmigo, dos o tres,
o le tomo de plano de su siio
y os lo ofrezco:
un gran pastel de luz tengo en mi mesa.

Esto será siempre
saber de soledades,
andar en un doblez
del alma propia
gozando y regustando
y componiendo
sin que nadie se atreva
y nadie sepa.

Tiéndame la mano alguien
y no seré más artífice
pero seré
feliz...



Aquí van los últimos cinco minutos y medio de audio de "Cinco veces la flor", de María, luego llegará Tambor Interno:

Escúchalo en voz de María Aura:

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