05 junio 2010

. en la magia de los cuadros en las paredes


Hace tiempo que quería hablar de este tema y ahora es el momento. Al regresar a Madrid, al sentir la buena vibra, el chi, la energía que me envuelve cuando entro a mi casa, pienso que en buena parte esa sensación emana de los cuadros que decoran las diversas estancias de la casa. Todos los cuadros son de amigos pintores de Alejandro: Magali Lara, Juan Manuel de la Rosa, Octavio Vázquez y otros. Todos los cuadros están llenos de amistad, sin duda, pero hay algo más, algo sutil, algo irracional, algo que tiene que ver con la labor de la creación, un poquito de los dedos de Dios (como dice Alejandro en su inmenso poema: Canto de la representación), algo inmenso tan inmenso como las plantas que están en el salón, algo que tiene que ver con la magia de estar vivos.
Y eso es lo que Alejandro quería compartir cuando en 1999 desde el Gobierno de la Ciudad de México pensó en el proyecto que dejó escrito:


TEXTO DEL MAESTRO ALEJANDRO AURA

Hemos emprendido la organización de una gran actividad de artes gráficas para llevarse a cabo, bajo el nombre común de Todos al Arte, desde noviembre de 1999 en diversos puntos de la ciudad de México y de otra ciudades de los estados con los que hemos firmado convenios de colaboración, a partir de un primer tema que es el grabado, la litografía y otra formas de reproducción, al que se han ido sumando en paralelo otras actividades afines como el dibujo y la fabricación de papel.

El propósito es convocar lo más ampliamente posible a los artistas para que participen con obra y con conocimientos técnicos en exposiciones, talleres, coloquios y publicaciones; a los artistas y a los críticos, a los historiadores, a los coleccionistas y a los corredores de arte, a los mecenas posibles y a todos los demás. Más que otra cosa, se trata de un programa de fomento que aspira a abrir y ventilar el mundo de las artes gráficas, a divulgar el conocimiento y el gusto por esa magnífica riqueza artística que se puede tener en las paredes de las casas o de las oficinas para transformarlas del límite, de frontera, en plaza abierta, en página escrita o en horizonte.

No se trata de buscar nuevos valores ni de abrir mercados en los nichos tradicionales del coleccionismo; se trata de entablar diálogos nuevos con sectores de la sociedad que difícilmente van más allá del calendarios, el icono religiosos y la foto de circunstancias enmarcada; se trata de que las artes impresas recuperen su sentido de divulgación que suele ser cincuenta, cien o más veces más accesible que un cuadro original, sin perder su originalidad ni su potencia estética.

El éxito del proyecto consistiría, por una parte, en crear cientos, miles, de nuevos adeptos a colgar obras de arte en sus paredes, y a discernir lo que eso significa; y por la otra, en crear un clima propicio para el mejor entendimiento del gremio plástico entre sí y con la sociedad, con miras a volver a encontrar una edad de oro de las artes gráficas en México.




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