31 agosto 2009

Hidrología




HIDROLOGIA

Qué hondas grietas hay
en la esperanza
por donde se nos va
la vida
como agua de la lluvia
a formar
no sé qué lagos
subterráneos.


30 agosto 2009

.. en los homenajes del 2008 (IV)



El día 29 de agosto fue el homenaje en Zacatecas. Volamos desde el DF muy temprano. Escribí a los pocos días este texto, me lo pidió María Dolores Bolívar, y tomé fotos, así los recuerdos se esclarecen como la tinta invisible con el calor.




RECUERDOS DEL HOMENAJE A ALEJANDRO AURA EN ZACATECAS

Me pregunto si ese cambio de colores de Zacatecas era su forma de decirme: “yo también sufro la muerte de Alejandro Aura”. Puso de verde su desierto amarillo, y encargó a las nubes que cubrieran el azul intenso de su cielo. Era la primera vez que pisaba esa ciudad sin Alejandro, me dormí para que la tristeza no me arrastrara a sus cavernas.

Luego fui encontrado a los amigos, a Fernando del Castillo cuya sonrisa ilumina un día sin sol, a Eduardo Vázquez dispuesto una vez más a brindar por Alejandro, a Julio Trujillo que venía desde España donde fue testigo directo del canto que Alejandro fue capaz de hacer con el cáncer, a Juan Manuel de la Rosa que pintó tantas veces el ritmo de los versos de Alejandro, a Andrés González Pagés y a Armando Adame testigos de los primeros poemas de Alejandro. Todos ellos participaron en el homenaje guiados por el siempre discreto José de Jesús Sampedro. Me fueron arropando con abrazos y con palabras.

Mientras llegaba la gobernadora, Amalia García, coincidí en la sala de espera con una entrañable anciana, a la que había visto transportar desde el hotel en una silla de ruedas, dos mozos la bajaron y la subieron por las escaleras cada vez que fue necesario. Solo cuando me la presentaron me di cuenta de que la ancianidad era una máscara, pues sus ojos vivos y su cuerpo menudo eran los de una muchacha, pensé que iba a incorporarse en cualquier momento y ponerse a bailar. Era la escritora homenajeada en la Feria del Libro, Amparo Dávila. No sé cómo nuestra conversación de desconocidas desembocó en su lugar de nacimiento Pinos, Zacatecas, ¿Pinos? Por supuesto que lo conozco ahí me llevó Alejandro en una de las veces que hicimos el recorrido Zacatecas-San Luis, y ahí muy cerca comprábamos el mezcal que por litros llevábamos a España cada año. Pues ahí están las haciendas que fueron de mi padre, La pendencia y Saldaña, dijo ella. Recuerdo que Alejandro me hablaba de esas haciendas, y de como el negocio del mezcal se había venido abajo. Amparo también me contó esa historia, desde su punto de vista, lo que pasó es que a ella que era la única heredera no le interesó nada el negocio, solamente la literatura.

Confieso mi perplejidad por la coincidencia, Saldaña era el lugar en el que parábamos y cargábamos el coche con bidones de plástico rellenos del oro líquido, ese que luego compartíamos especialmente con los amigos mexicanos en Madrid, aunque poco a poco los españoles se fueron aficionando también a ese mezcal seco del desierto. Llegamos a atribuirle propiedades anticancerígenas.

Son esas coincidencias que tanto acontecían entorno a Alejandro y que siguen sucediendo, esas cosas raras que inevitablemente me llevan a pensar que quizá sí existe una armonía en el universo y de lo que Alejandro se reía.
Llegó la gobernadora, acabamos la plática, comenzaron los homenajes, las palabras de Amalia García tuvieron esa calidez que la caracterizan. Después brindamos con mezcal, y me di cuenta de que ese sabor me hace sentir en casa junto a Alejandro. Dormí tranquila.

Al día siguiente salí de Zacatecas, disfruté una vez más de esa carretera sin fin, sin curvas que lleva a San Luis. En el coche íbamos Fernando del Castillo, Eduardo Vázquez, María Aura y yo escuchando los poemas de Othón “El Idilio Salvaje” y "Pastoral" en la voz de Alejandro Aura, disfrutábamos los armoniosos huizaches, la esbeltez de las palmas chinas, los inacabables nopales del desierto verde limitado por montañas lejanas con hilachas de nubes. Un sector de arco iris apareció en el horizonte, llegábamos a Saldaña. Paramos, nos dieron mezcal para probar y casi una hora de deliciosa plática. Compré diez litros para brindar en el homenaje que se le hará en Madrid, !por Alejandro!.

Milagros Revenga
Viernes, 12 sep2008


29 agosto 2009

1969



1969

A Germán Castillo

Después de la
cuenta regresiva
se elevó
la imaginación
por el vacío;
en la luna
se recogieron
muestras
para
poder
seguir amando.



NOTA: Poema no dedicado en "Poesía 1963-1993"-Alejandro Aura

28 agosto 2009

.. en los homenajes del 2008 (III)


Hoy hace un año del homenaje en el Palacio de Bellas Artes. No tengo ni la invitación ni fotos solo la memoria. Veo la inmensidad del lugar y el gran telón, imágenes y palabras, se huye de lo institucional, de lo acartonado, sé que detrás está la mano de Enzia Verduchi y la de Enrique Strauss, los dos trabajaron con él, y aquí construyeron un ambiente que me hizo sentir a Alejandro.

De todo lo que se leyó, incluyo hoy el texto de Marta Aura. Lo leo y oigo su voz, cálida, emotiva. Resuenan fuertes y largos aplausos. Gracias Marta.

Buenas noches, escribí estas líneas acerca de Alejandro aunque yo no soy escritora ni nunca lo he sido, yo, como actriz solo sé sentir, y lo que siento ahora es una infinita tristeza que nunca antes había sentido.

A pesar de eso quise estar aquí para decir algo acerca de lo que significó Alejandro para mí, y hablar un poco de su historia que sin lugar a dudas soy la que convivió más años con él, sólo porque fui su hermana mayor.

Fueron 64 años en los que compartimos tantas cosas. Por principio de cuentas nuestra infancia que fue muy dolorosa por pertenecer a una familia disfuncional y con muchas carencias de todo tipo, nuestras primeras inquietudes hacia la poesía primero; yo, sólo declamando y él, declamando y escribiendo desde que era un adolescente. Nuestros primeros acercamientos al mundo del arte: cuando nos metimos al INJM, que dirigía mi querido Xavier Rojas, él vivía en el mismo edificio de departamentos de Gabino Barrera No. 3, donde pasamos nuestra infancia y nuestra adolescencia, en la Colonia San Rafael, no como han dicho en muchos periódicos que en la Colonia Obrera, esa ni la conocíamos entonces. Xavier ya era un hombre cuando nosotros aún éramos niños, pero nos llamaba la atención el que hubiera tantos jóvenes que iban a ensayar a su departamento, ahora que lo pienso tal vez por eso fuimos a dar al INJM, no lo sé, Alejandro era siempre el que habría las puertas y yo su seguidora, porque aunque soy su hermana mayor nunca me sentí así, yo siempre lo buscaba para consultarle mis pasos a seguir y no es que me dijera qué hacer, simplemente era una necesidad mía de mantenerlo informado de todo, todavía en mi último viaje a Madrid unas tres semanas antes de que muriera, nos sentamos a platicar muchísimo, y me preguntó por todos y cada uno de mis hermanos, de mis hijos, de los hijos de todos, hasta el último momento yo fui su informante, y no solo de la familia, también de los amigos y de los compañeros del medio, así que todos aquellos que piensan que él ya no supo nada de ustedes, quiero decirles que sí supo que yo le conté, claro que desde mi perspectiva. Alguna vez cuando éramos jóvenes me dijo que yo escribiría su biografía, cosa que veo difícil, no sé como podría escribir una biografía si con trabajos pude escribir esto.

Nos fuimos a vivir juntos María Elena, Alejandro y yo, él tenía 16 años, y medio, yo 18 y Ma. Elena, la grande, 21. La verdad ahora que lo veo a la distancia éramos muy jóvenes pero entonces nos sentíamos adultos y dueños de nuestro futuro, y así, empezamos a vivir con una gran intensidad.
Teníamos una madre muy estricta que no nos dejaba ni siquiera tener la luz prendida después de las 10 de la noche, así que ya se pueden imaginar lo que era para nosotros la libertad de leer hasta que se nos diera la gana, sin tener a nadie que nos dijera “apaga la luz”, así que, pasábamos las noches enteras leyendo, tomando café y discutiendo los libros de tantos grandes escritores. Así fue como descubrimos a Fuentes, a Sartre, a Camus, a Hesse, a Paz, allí empezamos a soñar con un futuro maravilloso, teníamos todo para lograrlo, bueno al menos eso era lo que creíamos entonces y en ese sentido pienso que Alejandro lo logró, y yo sigo aquí luchando por alcanzar algo de mis sueños, cuando consiga lo que quiero habré cerrado mi ciclo y entonces lo alcanzaré, mientras tanto me mantengo como él dice: “construyendo lo que sigue”.

Lo recuerdo todas las noches contando las sílabas con las manos, dando pequeños golpecitos en la mesa para medir sus versos. Fueron años muy intensos como ha sido toda nuestra vida. No creo que nadie que la haya compartido con él no confirme esto, fue un hombre que vivió con una gran intensidad, amaba cada día que vivía y lo disfrutaba de verdad, allí está hasta el penúltimo día de su vida, en el blog, que todavía se atrevió a decir desde el hospital: mañana les cuento como andan las cosas por acá.

Empezamos a trabajar haciendo teatro clásico español en el Canal 11 de T.V. Entonces él era muy amigo de Sergio Jiménez, con él compartíamos hasta nuestros primeros sueldos.
Fueron épocas muy difíciles económicamente hablando pero llenas de entusiasmo. Luego entramos al Instituto Nacional de Bellas Artes a estudiar la carrera de Arte Dramático.

También participamos en el movimiento del 68, como la mayoría de los jóvenes de esa época, movimiento que nos marcó para siempre. No puedo olvidar el día en que los soldados nos sacaron del Zócalo. Estábamos allí en pequeños grupos, cantando con Óscar Chávez acompañado por su guitarra, Tehua también cantando con su delicada voz y de repente se abrieron todas las puertas del Palacio Nacional y tuvimos que echar a correr por todo 5 de Mayo y recuerdo a Alejandro con una bocina tranquilizando a los compañeros, pidiéndoles que se dispersaran, que se fueran a sus casas que no provocarán, después nos fuimos al Sanborns de Lafragua para comentar, en ese entonces era uno de nuestros refugios. Nunca olvidaré todas esas marchas, quizá la más impresionante para mí fue la del silencio y de milagro no estuvimos en Tlaltelolco, de eso, por lo menos a Adam y a mí nos salvo nuestro hijo Simón, que no tuvimos con quien dejarlo, razón por la que no asistimos.

Hicimos de todo para sobrevivir, bueno quiero decir, en cuanto a negocio. Me acuerdo cuando pusimos la Boutique que por supuesto se llamaba “Aura”, siempre nos gusto nuestro apellido, hacíamos la ropa con nuestras propias manos, en ese negocio éramos los tres, Adam mi marido en ese entonces, Alejandro y yo. A mí me tocaba coser la ropa y ser la vendedora, y a Alejandro y Adam, diseñar y cortar, comprábamos telas muy finas, sedas y crepes en la Casa Armand, porque según decía Alejandro todo tenía que venderse carísimo para que ganáramos mucho dinero, él siempre pensaba en grande, desafortunadamente fuimos un fracaso, pero como el lugar ya estaba allí en Mariano Escobedo, muy cerca del Seps, donde venía casi todos los días Efraín Huerta que en esa época era muy amigo de Alejandro, se hacían unas reuniones muy ricas, así que para no dejar el lugar a Alejandro se le ocurrió que se convirtiera en Galería, y se asoció con Carlos Bracho, no se vendía nada tampoco, pero esto se acercaba más a nuestras inquietudes. Allí empezamos a hacer lecturas de poesía y presentación de libros.

Para esto ya se había casado y divorciado dos veces y había tenido a su hija Cecilia que desafortunadamente se le adelantó y murió el año pasado en Noviembre. Ceci, era hija de Elsa Cross que fue la primera esposa de Alejandro, ellos se conocieron en el taller de Arreola, al que asistían también José Agustín, Agustín Monreal, Andrés González Pagés, Juan Tovar, todos ellos muy amigos de Alejandro.

Un pequeño fragmento de su libro “Volver a casa”, les mostrará como éramos entonces:

Nos convidábamos agua
unos a otros;
el que tenía sed
abría el grifo
por donde la buena voluntad
de los demás
salía;
luego le agregábamos azúcar
y zumo de limón
y nos bebíamos la frescura
de nuestras comuniones.
Así éramos,
no os quepa duda.


Luego le dio por irse a viajar a conocer el mundo, mientras tanto yo seguía con Adam haciendo teatro, bueno en realidad Alejandro hizo muchas cosas en el transcurso de su vida y yo sólo teatro, bueno, también cine televisión y radio, todo lo relacionado con la actuación, ni los negocios ni nada más se me da. Bueno eso y ser madre, porque me siento muy orgullosa de lo que son mis hijos.

Cuando regreso de conocer el mundo; se casó con Verónica Langer, la madre de su hijo Pablo y se vino toda la época del SAI, que fue muy dura para todos nosotros porque perdimos mucho trabajo y una vez más nos decepcionamos de los movimientos, bueno, al menos yo; esa fue la única vez que sentí que Alejandro se había molestado conmigo cuando me regresé a la Anda, pero yo tenía que trabajar, además de que había dejado de creer en el movimiento, de entonces empezó su hermandad con Arturo Beristáin, que luego lo acompañaría casi hasta el final.

Después de separarse de Verónica Langer, se encontró con Carmen Boullosa que sería su compañera de 20 años con la tuvo a María y a Juan, sus pequeñitos. Con ella estaba cuando fue director de Teatro y Danza de la Universidad, juntos pusieron el negocio del Cuervo en la Plaza de la Conchita, luego se siguieron con El hijo del Cuervo que fue de gran éxito. Carmen y Alejandro fueron una buena mancuerna, pues se impulsaron mucho y los dos crecieron artísticamente.

De allí para el real, por lo menos en su caso, todo fue recoger frutos de tantos años de trabajo, sus programas de Televisión en el Canal 11 y en el Canal 13, sus programas de Radio, sus éxitos en El hijo del Cuervo, con su bululú, con Andrés Bustamante, con su espectáculo de Agustín Lara, con las Aureolas, en fin, hasta llegar al Instituto de Cultura que le propusiera el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, que lo apoyó y continuó su amistad hasta el último momento.

En el Instituto de Cultura también hizo grandes cosas, que ya se han mencionado mucho: Los conciertos en el Zócalo, los libros Clubs, el Faro de Oriente, el teatro en Atril, siempre se le estaban ocurriendo cosas. El concurso de Teatro Clásico Griego a nivel Nacional que culminó en un viaje a Grecia con el grupo ganador de Querétaro, esta creo que fue una sus tristezas porque no pudo acompañarlos a pesar de que era uno de sus sueños, ir a Grecia, pero tenía que cumplir con otros compromisos, todavía en estas últimas pláticas que tuvimos en Madrid me dijo que a lo mejor en una de esas se podía ir ahora sí a Grecia para no quedarse con las ganas o tomar un buque de carga para venir a Tijuana a un hospital de medicina alternativa, de esto, todos los que leíamos el blog nos enteramos; siempre soñando hasta el final.

Me parece que pocos han hablado de este proyecto teatral y me sorprende, como si fuera un proyecto menor, no sé porque, será que como siempre el teatro casi a nadie le importa mucho, tal parece que el teatro fuera el patito feo del arte. Yo agradezco todo lo que se haga por él. Y creo que fue la única vez que yo recuerde que se hizo Teatro con presupuesto del Gobierno de la Ciudad, y no obras solo para entretener sino teatro clásico para el pueblo, con funciones a reventar y con actores de la talla de López Tarso haciendo un Edipo Rey. Temporadas largas no de un estreno y otro y otro, se trataba de que la gente se acercara de verdad al teatro clásico. Este era el inicio de un proyecto a largo plazo, después se seguiría con el gran Teatro Universal, luego el Teatro Moderno, hasta llegar al Teatro Mexicano. Desafortunadamente no le alcanzó el tiempo para todos esos planes porque le redujeron el presupuesto y se quedó trunco su proyecto, pero allí está como reto para que otro lo realice. Esta fue la razón por la que renunció al Instituto de Cultura. No le interesaba estar atrás de un escritorio cobrando un sueldo por no hacer nada, esto no iba con él.

No es que nos viéramos ni habláramos diario como otros hermanos, cada uno siempre estaba resolviendo su vida como mejor podía, sin embargo yo asistía con frecuencia a sus comidas de los domingos en Tiépolo, y también procuraba estar en Navidad o en Año nuevo. Y luego vino su partida.

Aquí me permito leer otro fragmento de “Volver a casa”

Un día
abandonaremos
la ciudad de México;
la dejaremos en pie y desierta
para que
las conjeturas
crezcan,
y nos iremos a fundar
en otra parte
nuestras maravillas.


Se fue a Madrid al Instituto de México en España, y allí vino su encuentro con Milagros que sería su última esposa y compañera hasta el final de su vida, una mujer desde mi punto de vista admirable, pues le hizo el camino fácil todos estos años que duró su enfermad. Yo le decía y creo que no sólo yo, sino muchos más que pensamos lo mismo que Milagros era su “Milagrito”.
Este poema que escribió años atrás se lo debió haber escrito a ella, yo creo que ya sabía que se la iba a encontrar:

Por eso, pequeñita,
platito de arroz,
mientras mi corazón estaba seco
me levanté contento
a quererte con los pies y con las manos,
me levanté otra vez sonando mis tambores.
Dirás que no,
pero hoy me levanté a quererte
y a que tú me quieras.


Y se fue a fundar otras maravillas allá a España, y por supuesto hay otras personas que tendrán mucha mayor información que yo. Su gran amistad con María Cortina, que fue la que le presentó a Milagros. Fernando del Castillo, que viajaba a ver a Alejandro constantemente y no se diga sus dos amigos que lo acompañaron durante larguísimos períodos de su vida, los pintores Juan Manuel de la Rosa y Octavio Vázquez.
El apoyo que recibió de la gobernadora de Zacatecas: Amalia García, que fue invaluable.
No quiero dejar de mencionar a sus dos grandes amigos y médicos de cabecera Luis Molina y Roberto Beltrán.
Sólo me queda decir que amé a Alejandro y que su muerte me ha causado un gran dolor, y que ahora no sé quién podrá ocupar su lugar, me siento huérfana, porque aunque mis padres hayan muerto hace muchos años, mientras estuvo Alejandro nunca me sentí así hasta ahora.
Así que me despido de ustedes y como dice él en su poema “Despedida” que ya casi todos conocemos:

Y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.


Agradezco al Instituto Nacional de Bellas Artes y a todas las personas que han hecho posible todos estos homenajes dedicados a Alejandro Aura.
Me siento muy agradecida y muy orgullosa de haber sido su hermana.

Marta Aura.
28 de Agosto de 2008.

27 agosto 2009

Antiácidos lisérgicos y vitaalmínicos




ANTIÁCIDOS LISÉRGICOS Y
VITAALMÍNICOS


Hoy he elegido
para mis títulos futuros
la genialidad,
lo siento:
pero la quiero
a lo pelón,
aunque me lleve
todos los años
de mi alma
y todos los sueños
de mi tiempo.



NOTA: Poema no incluido en "Poesía 1963-1993" Alejandro Aura

26 agosto 2009

.. en los homenajes del 2008 (II)


De este artículo lo que más me gusta es el vínculo que establece el autor entre Alejandro y Juan García Ponce, porque esa relación la hicé yo en algún momento de los tres años de enfermedad. Caí en la cuenta de que la historia de Alejandro, una enfermedad terminal que se alarga mucho más de las espectativas dadas por los médicos, era similar a la que él me narró varias veces con admiración, la historia de García Ponce. Nunca se lo dije. No era necesario.


José de la Colina
Los inmortales del momento
El bloguero se fue...


Un blog es un correo de cartas sin papel ni tinta, de cartas escritas en el mero ondulante aire y en un silencio acaso apenas contrariado por un rumor de dedos que teclean. Un blog posee tal inmediatez, tal velocidad, tal eléctrico poder que de pronto las palabras que habían fluido silenciosamente en la pantalla pueden descargar un estruendo como el del trueno que sigue a ese ruido de tela rasgada soltado por el relámpago.

Día a día desde hace algo más de un año, el tiempo en que empecé a llevar trato con la Internet, acostumbro comenzar la sesión ante la pantalla de la laptop buscando los mensajes que me estén destinados; luego busco las noticias en los espacios electrónicos de los periódicos; luego aún, busco el blog escrito día a día por Alejandro Aura desde su casa o desde un hospital de Madrid y en el que publicaba sus poemas, sus comentarios de lector o de espectador de cine, sus recetas de cocina mexicana, algunas veces sus opiniones sobre la vida política de España y de México y del resto del mundo, y, siempre, la crónica de su heroico y casi alegre combate con el íntimo, el nefasto, el roedor ángel del cáncer, y, para terminar (momentáneamente) su “talacha” cotidiana en el blog, ponía allí su infaltable poema diario. Y ese misceláneo río literario iba desde la pantalla de escritura a las de sus innumerables amigos también blogueros dispersos por el mundo.

Yo, por más que no quisiera, veía venir el final, me decía que tendría que ocurrir un día, pero no había pensado que se manifestaría como un brutal estruendo paradójicamente silencioso en la pantalla de la laptop en la que, día tras día, me llegaba su tan animado correo. Y ahora he aquí que eso ya ocurrió la tarde del miércoles 30 de julio, apenas hace unos días, cuando abrí como de costumbre el blog de Alejandro y lo primero que la pantalla me presentó fue un breve párrafo que habrán tecleado su esposa Milagros o su hija María tan sólo unos minutos después de que habrán cerrado los ojos de Alejandro aún asombrados del suceso:
“Hoy, a las cuatro y media de la tarde, de Madrid, Alejandro se fue, y en este blog que le hizo seguir adelante cada día nos dejó sus palabras para siempre.”

Así es: el blog, al parecer su última razón de ser como escritor, le había hecho continuar su vida llevada adelante de día en día. Y recordé a Juan García Ponce, paralítico, dictando con la cada vez más apagada y esforzada voz, pero escribiendo, pese a todo, día tras día también; recordé a Juan que insultándonos de puro cariño nos gritaba a los amigos: “¡Yo no voy a dejar de escribir, cabrones, porque día en que deje de escribir, día en que moriré!” (Juan y Alejandro: qué héroes de la escritura, qué tenaz y alegremente continuaban escribiendo, como si la escritura fuese un modo casi alegre de perpetuación de la vida.)

Ahora, irremediablemente, el poeta de la vida cotidiana elevada a mito personal y a fábula de amigos, el histrión de los tablados y de las pantallas, el alegre combatiente y puntual cronista de su cabrón interior enemigo, el cáncer, se ha ido. Y ya no sólo las pantallas de Internet sino también esas otras pantallas, pero de papel: las de los periódicos, nos notifican que el hombre de los mil y un entusiasmos y los mil y un amigos, Alejandro Aura, histrión, cuentista, cronista, poeta, dejó de teclear su cordial blog allá en un hospital de Madrid.

En el recuerdo lo veo vivaz, delgado, de grandes ojos, de airoso mechón de cabello cano como un ala blanca aleteando sobre la frente, y con asesino puro habano en los incautos labios. Lo oigo diciendo con buena altisonante voz de actor la literatura suya y las de otros, antiguos y actuales. Lo recuerdo con su cordialidad briosa y su generoso sentido de la gastronomía y la comensalidad (gran embajador en España de la cocina mexicana, se adivinaba su sonrisa feliz cuando emprendía el blog diario con alguna frase como, por ejemplo, “Hoy tenemos romeritos”). Y releo un mensaje electrónico de hace años: “Tienes que venir, Pepe, tenemos que pasear la noche madrileña en compañía de los hermosos fantasmas de la Fortunata y la Jacinta hijas de don Benito, tenemos que vocear junto a Ramón la suave patria de mi tierra y tu trastierra (como tú dices), y luego, en la mañana aún friolenta, ‘parar’ en la entrada a Lardhy a saborear unas tiernas croquetas y un caldo resucitador de muertos”.

Ahora sucede que se fue... Pero queda su escritura que le prolongó la vida en carne y hueso y ahora le prolongará la vida virtual, así que esta noche le rendiré silencioso homenaje releyéndolo en su mejor obra en prosa: La hora íntima de Agustín Lara (Ediciones Cal y Arena, México, 1990), en la que dejó escritos algunos de sus días de niño de barrio, aquellos en que comenzaba a aprender el mester de poesía oyendo por la radio los boleros en los que Agustín Lara decía que el hastío es pavorreal que se aburre de luz en la tarde, y Alberto Domínguez decía (como ya antes dijera Baudelaire casi con las mismas palabras) que el mar es espejo de nuestro corazón.

Y un día, hace pocos días, Alejandro había escrito en su infatigable blog este poema:

Todos los días sucede/ que un hombre despierta en la mañana./ Pero la historia es lo de menos/ porque sabemos/ que en todas partes el amor sucede/ y suceden el odio y la paciencia,/ más visibles apenas que las flores/ pero igualmente alentados por la lluvia./ Todos los días los ojos de alguien/ se cruzan con el cuerpo del rayo/ y se agigantan./
Una mañana se levanta triste: este puñal es mío./ Y sucede que todas las campanas/ se ponen a tocar, furiosas, a su puerta.


(Publicado en Milenio Diario el domingo 3 de agosto de 2008)
(Publicado en Letras Libres el 19 de agosto de 2008)


25 agosto 2009

Corrector de estilo




CORRECTOR DE ESTILO


Relleno siempre con pluma
los huecos que quedan
entre las piezas
mal acomodadas
del rompecabezas.
Es que
no sé contar mi vida.