13 agosto 2009

Avaro




AVARO

A veces uno anda escatimando lirios naturales,
escondiendo silvestres emociones,
comerciando con ángeles perdidos
que acechan la debilidad por las ventanas
y saben el momento en que uno no puede más
y justo ahí, le ofrecen montones de esperanzas
a cambio del silencio a la hora de la aurora.

Ay, mísero de uno,
que se esconde como perro asustado
con su montón de flores arrugadas
y se clava en el cuerpo
las pocas verdades que le quedan
para morirse, a solas, de mentiras.

Ay, puerquísimo de uno,
cáigale encima, de sopetón,
todo el costal de su pasado.


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