Mostrando entradas con la etiqueta inédito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inédito. Mostrar todas las entradas

28 abril 2010

..en este diálogo sobre la soledad

"Hay días en que la soledad es una fuerza que te aplasta contra la pared", así alcancé a describir el otro día una sensación que ya había pasado, aquí en San Luis Potosí ciudad buena para la soledad, por sus calles que desembocan en montañas, por sus gentes.

Y hoy en el Archivo de Alejandro, por fin le dediqué tiempo a la carpeta titulada "Hemisferio Sur", la tenía reservada para un momento especial. Porque ese viaje que Alejandro hizo cuando tenía treinta años, con el dinero del premio Nacional de Poesía Aguascalientes, le cambió la vida, le hizo otro, pero eso es lo más que me contó, de ahí no pasaron sus confidencias. Se me quedó como un viaje secreto.
Hoy leí los poemas que guarda esa carpeta y encontré éste, como si el diálogo que nunca existió se estableciera ahora entre nosotros:


LOS SOLITARIOS

Las horas de los solitarios
son mucho más horas
que las horas de los demás;
los días de los solitarios
se arrastran sobre la panza áspera del mundo
y llegan a la noche
con gran retardo.

Los días de los solitarios
no se dejan sumar,
se mezclan unos con otros
hasta formar una masa
que desborda los calendarios.

Los solitarios imaginan siempre
que cruzando la calle
se acabará la soledad
y caminan como ébrios
bordando espiguillas
entre ambas aceras.

Pisan el suelo de las ciudades
como si pisaran planetas
y la vista de sus ojos
se va retando a sí misma.

Cultivan con mucho cuidado
la florecita de la envidia.
Cuando alguien les pregunta la hora
mudan de color,
su corazón les late aprisa,
huyen sin saber de qué
y a los pocos pasos
se tragan la desilusión
como un pedazo de chile.
Se tienen miedo a sí mismos
y le tienen pánico a la belleza.

De pronto se sonríen
sin motivo aparente
y su mirada de borrego
suena como una campana de leproso
que aleja a los demás.

La soledad de los solitarios
es una porquería.

Los pies de los solitarios
matan la hierba que pisan.

Y como cada uno de sus minutos
es casi eterno
les alcanza el tiempo para probar,
una por una,
todas las miserias de su triste caso.


Lima, 16 septiembre de 1973

02 marzo 2010

.. en otro dos de marzo



Quise dejar el día de hoy para hablar de nuestro cumpleaños y me salté la alternancia de los poemas.
Le doy vueltas a qué palabras, imágenes, enlaces utilizaré para estar a la altura del día, para que la celebración se comparta allende los mares y allende los cielos. Y al llegar el momento todo se resuelve con la fluidez de un riachuelo de agua clara, con dos peces azulados dejándose llevar.

Elegí estos enlaces para llevaros a su blog, los dos últimos cumpleaños que celebramos juntos: 2mar2007 y 2mar2008

Elegí este poema encontrando en el archivo de Alejandro, escrito el dos de marzo de 1962:

Lo primero que supe fue la soledad.
Nací solo.
Pero me engañaron,
me hicieron creer
que el mundo estaba lleno
de senos
color de leche caliente,
de palabras dulces de madre.

Dieciocho gritos seguidos.
Dieciocho árboles deshojados
y vueltos a florecer.
Las frutas podridas se caen dieciocho veces
del árbol de las palabras.

El mes de marzo es marzo nuevamente
y me recuerda mi soledad.

Dieciocho veces
dos de marzo.
Y aún estoy mudo.
Dieciocho veces
he dejado escapar mi voz
hacia mi propio sonido.

Ahora es el día de la única verdad:
el tiempo.
Es el día de las manos
y los brazos que abrazan el vacío.
Es el día de las palabras
que gritan su silencio hueco.

Dieciocho veces
he contado mil años,
uno a uno,
uno a uno,
con los dedos,
con la voz,
con el deseo.

Dieciocho lágrimas contadas.
Dieciocho bocas leprosas.
Dieciocho pasos
marcados con cicatrices.

El principio es la promesa del final.
La bolsa transparente fue mía nada más.
Estaba solo en el principio,
entre voces ajenas,
entre caricias ajenas.

Dieciocho veces
he vuelto a escuchar las voces
y a sentir las manos ásperas
que fingen las caricias.

Dieciocho veces de llanto.
Dieciocho de soledad.
Dieciocho silencios.
Dieciocho marzos.
Dieciocho veces.
Dieciocho.

Y confieso que hubiera elegido la luna para redondear la celebración, para bailar un danzón, pero me dijo que para la próxima será.