Mostrando entradas con la etiqueta cuando no puedo evitarlo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuando no puedo evitarlo. Mostrar todas las entradas

18 abril 2010

.. en mi regreso al mundo



Intenté disfrutar del vértigo de la montaña rusa en que se fue convirtiendo la semana. Pero no, no, añoré la estabilidad. Y me dejé llorar, y salieron lágrimas del pasado.

Me dijeron que el tezontle era esta piedra del centro histórico de la Ciudad de México y me acordé de este verso
"Flota la tristeza
como una piedra de tezontle
"

de Alejandro, y sentí como él se va diluyendo y su poesía solidificando.

13 marzo 2010

.. en cosas que olvidé


.. pero que aparecen de repente. Llevo horas caminando en la soledad, veo un espejismo, no sé si es un oasis de lágrimas; encuentro una piedra, lleva escrita la palabra “ansiedad”, cabe en mi puño pero quema, dejo la mirada perdida en la perspectiva y su sonrisa ignota: Ansiedad 29mayo2008.

"Siéntate junto a mí, ponme tu manita aquí", en el centro de su pecho, su respiración se iba calmando, y la piedra desaparecía. Lo había olvidado.

Mañana continuaré dejando huellas en la arena, hoy déjame esperar el amanecer como ellos y escuchar tu voz:

Para decir la verdad:

11 marzo 2010

.. en el aniversario del 11M, en Madrid


Hoy también me salto la alternancia de los poemas, este aniversario late todo el día como mi corazón. Han pasado seis años de la matanza terrorista en la estación de Atocha.
Era jueves. La noticia estalló. La onda expansiva de los muertos fue un estruendoso silencio. Otro mordisco más a la humanidad. Hoy siento esa mutilación. Recuerdo el silencio que nos ahogaba, caía como nube sobre la ciudad, respirábamos silencio. Alejandro volaba a México ese viernes (nimodo). Junto a mí Arantza en el río de la manifestación. Por más que habláramos e intentáramos hablar, no había palabras. Ciudad muda. Alejandro llamaba para estar cerca. Fui a dormir a casa de mi madre.

Le tocó a Arantza el lunes el viaje por esas estaciones y le fue naciendo este poema:

De Alcalá de Henares a Atocha, cuatro días después.

Entramos en la estación,
este viaje será un homenaje.
No es una puerta, hoy,
para algunos hacia ninguna parte.
Todos nos movemos en silencio,
nos miramos a los ojos.
En la atenta mirada,
todos vemos nuestro dolor
en los ojos de los otros.
Nos conmueven los ojos
cerrados para siempre.
Y como si quisiéramos entregar
cada una de las imágenes,
miramos el andén,
los ramos de flores frescas,
las velas encendidas y todos los escritos
colocados con esmero en el suelo.
Miramos las vías paralelas,
el infinito vacío en la distancia.
Miramos el tren que se acerca y se para.
Subimos lentos a algún vagón,
y el tren inicia tan suave su marcha.
El pitido, al cerrar las puertas,
rompe la paz del silencio
para aunar más las heridas calladas.
Queremos ver con los ojos
de los que ya no pueden ver
todo lo que nosotros miramos,
darles lo que nosotros vemos,
y queremos que estén sentados
a nuestro lado,
aunque no nos conozcamos.
Y que miren los balcones, las ventanas,
los edificios desiguales,
la ropa tendida y blanca,
esas montañas azules,
los grafiti de colores
y las obras en marcha.
Con qué suavidad se mueve el tren,
todos vamos serios, ocultos y presentes,
con el mismo pensamiento.
Enviamos, ¿a quién?, imágenes
de lo que vemos:
los brotes de las plantas,
un árbol con flores de primavera,
los carteles publicitarios
y el humo de las chimeneas.
También en los chicos que miran,
atentos desde un puente,
se sospecha una mirada nueva.
Todo ha cambiado de significado:
los caballos,
las cercas,
la primavera incipiente
y el próximo verano,
estos polígonos industriales,
esos coches aparcados,
los apeaderos vacíos
y otros, que miran quietos,
desde un camino cercano.
Todo está visiblemente afectado:
las grúas,
las excavadoras,
los páramos.
En la estación de Santa Eugenia
nadie en los andenes,
lacradas velas solas y flores frescas
bajo el sol tenue de mediodía.
Opresión en la garganta,
hasta los vagones tiemblan.
Con el rigor del recuerdo
vibran en el silencio.
En el Pozo del Tío Raimundo,
en lo hondo,
se cruza una valla saturada
de flores, fotos, papeles, palabras,
velas de sangre encendida,
que ni el viento, ni la lluvia del cielo
quieren apagarlas.
No existe razón que justifique
tantas muertes destrozadas,
tantos seres adheridos al dolor,
tanto silencio contenido.
Nos queda el último tramo
hasta el grito unánime convocado
sobre la estación de Atocha.
Una amplia y quebrada corona
bajo un lazo roto de lágrimas,
con flores amontonadas,
con fotos fotocopiadas,
con voces de aliento,
desde ciudades lejanas y cercanas,
con velas encarnadas
en un pausado latido
de llamas y de miradas.


Arantza Salaberría



04 marzo 2010

.. en este olivo urbano



En esos días su mirada era tan triste,
la dejaba perdida en cualquier rincón,
la primavera no llegaba,
las fuerzas se alejaban.
Fue cuando dijo “estoy desolado”
suave pero sonó como grito,
se me clavó en la sangre.
Y salimos a pasear,
abrazados, como si pudiera
consolarle o retenerle.
“Acercate al olivo”,
le dije,
silencios hondos, urbanos,
les tomé la foto, para siempre.

12 febrero 2010

.. en este talismán


La muerte de Esther no sólo me recuerda a Alejandro por la muerte misma, también por el pasado común que ahora va y viene en mi cabeza como bola de billar.

Escribí “Esther columna” porque eso fue ella en la época del cáncer, fue una de las dos personas que llegaron a mi vida, a través de Alejandro, en 2004 y que se convirtieron en columnas de mi mundo cuando en julio de 2005 le detectaron el cáncer.

Ayudaron a mi fortaleza, a mi estabilidad, a no sentirme en el desasosiego de la intemperie cuando el viento arrecia. No eran amigos, pero la intensidad en el encuentro, quizá empatía, quizá sentir la misma materia que te construye, quizá que nos habíamos conocido en vidas pasadas como se atrevió a decir Esther; lo que fuese, esa comunidad inmediata con un desconocido que te hace desprenderte por un instante de la íntima sensación de soledad existencial, hizo que se convirtieran unos meses después en pilares de mi vida.

Y Esther, creyente, mandó este talismán sobre el que durmió Alejandro, ateo y agradecido a las creencias de otros, durante los años de enfermedad:

10 febrero 2010

.. en la desaparición de Esther Seligson


Las muertes repentinas me provocan, desde niña, estupor e incredulidad. A cada golpe de mirada al horizonte responde otro golpe de pensamiento "Esther ya no estará nunca". Y su presencia se hace cada vez más fuerte, como si estuviera al final del trayecto esperándome y me dijera: "no me habías dicho que me trajiste un regalo de España". Cierto, no te dije, era una sorpresa para cuando nos viéramos, un camaleón para tu animalario, pero no nos encontramos. Así que te espero esta noche o cualquier otra en la que caigas por mis sueños.

Esther columna, Esther maestra, Esther desencuentro.


Para saber más de ella:
En la página del INBA
En Milenio
En La Jornada

29 enero 2010

.. cerca del cielo,


más cerca que nunca, el sonido de San Luis es un murmullo, y todo el panorama es un cuadro de Rothko, busco mi centro en su horizonte entre el anaranjado y el azul; un muro sólido y un cielo en el que las nubes se desplazan como silbidos de ángeles; tangible e intangible se intercambian sus densidades y alcanzo a tocar el cielo mientras el muro pierde su densidad.
Si alguien se pregunta qué busco, la respuesta es clara, nada, eso es todo lo que necesito.
No sé si tocan las campanas o tañe mi corazón, pero no puedo ser más clara pues suenan en todos los horizontes de mi alma. Cierro los ojos y alcanzo a ver que todos los azules se funden en una blanca cabellera. La tuya. Abro los ojos. Sueño.

Me cuelgo del cielo y brinco hasta ti.

Para Arantza que me protege en sus sueños.

09 enero 2010

.. en la espera del domingo


Este no estar allá ni haber llegado todavía del todo. Ni la lluvia que dio un tono gris de plata a la ciudad de México, ni el día soleado de ayer en Madrid que azuló la ciudad, la que el día anterior se vistió de novia de nieve. En ninguno de esos colores encuentro sosiego para mi sentimiento de desperdigada, mientras hago y deshago maletas. En medio, un sueño de mar de nubes, no acabo de aterrizar.
Y espero la llegada del domingo así como Alejandro lo narró hace un par de años:

Compromisos del sol


Y sus palabras me dan la calma que busco.

31 diciembre 2009

.. en los ojos de los Singer



Desde julio de 2008 viajo constantemente al continente Aura. Un continente, que se mueve libremente en el océano, no pocas veces sin rumbo, disfrutando de ese dejarse ir.
Está lleno de territorios ignotos, que exploro poco a poco, encuentro sus sombras y sus frutos, me guían las ideas utópicas de los descubridores. En la noche luciérnagas me iluminan, en el día sauces llorones escuchan mi silencio.

Está lleno de mensajes que se levantan como cordilleras, con la temperatura adecuada, cálidas en el frío invierno de Madrid, refrescantes por Tierra Caliente en Sueñámbaro.
Tiene pocas islas, las suficientes, las Salaberría, las Franco, las Morote acá y allá. En ellas descanso de todas las intensidades de la orografía y, sobretodo, en la isla de La Familia con su cueva inmensa, refugio de las inclemencias del clima.

El último lugar al que llegué se llama Los Singer, amigos de antaño de Alejandro, compañeros de vida cuando la vida se hacia con toda la intensidad de la juventud, antes de antes, amigos sin parar de ser amigos, amigos que se vuelven a asomar a tu ventana cuando el cáncer te ata a la cama, cuando la tos no te deja dormir un día y otro y otro, cuando las arrugas enmascaran, embellecen y los ojos están más llenos de vida que nunca, vida consciente, vida vivaz, vida entusiasmo. Llenos de vida hasta el último día que estás vivo, vivo. Allí en sus ojos encontré los de Alejandro, allí en sus ojos encontré un lugar para el reposo.

Foto Arantza Salaberría, atenta siempre a captar la fugacidad de lo intenso.


Volveré, León y Leticia.
Seguiré paseándome en ti, continente Aura y en tus islas.

28 diciembre 2009

.. en los últimos pasos del año 2010


Siento pesados los últimos pasos del año,
presionándome con su adiós.
Intenta convencerme de que lo continuo es discontinuo.
Me dice que cierre.


Que no me olvide
de sus huellas, de su aliento,
de su luz y de las nubes,
de la música buscada,
de la soledad tranquila,
de los pasos silenciosos,
de los sueños vivaces,
de las palabras dichas
y de las escritas en los atardeceres,
de los recuerdos evanescentes
y de las caricias tan sólidas.


Que no me vaya, me dice,
pero es él el que se va,
y levanta su adiós, con la mano, con los ojos, con un grito,
que me vaya, me dice,
pero que no le olvide.

Jamás.

24 diciembre 2009

.. en la Navidad



En cada época de mi vida las navidades han sido de un color.

De niña, niña eran blancas como la delicadeza de la nieve,
después se fueron haciendo grises, como las huellas en la nieve,
fueron verdes o rojas cuando descubrí que uno le pone el color.
Con Alejandro fueron azules como el cielo, como él.
El año pasado luché porque no fueran negras,
y éste están siendo transparentes.

Mientras encuentro un color en la paleta de mis días
van mis mejores y duraderos deseos.

12 diciembre 2009

.. en el lento regreso



Ni acá ni allá, así me siento, las maletas no quieren vaciarse ni de objetos ni de recuerdos, camino por las calles que parecen de muselina, el tiempo es todo pereza y da pasos con lentitud, me elevo como un globo, me convierto en una nube, que se tiñe al caer la tarde. La familia, los amigos, tienen consistencia de hierro, y me amarro a ellos a ver si acaba de llegar mi alma.
Encuentro a Alejandro en este evaporarse, su esencia etérea, su presencia irreal.
Y entre los objetos de la maleta sobresalen los discos de Ulises recorre México, ¡todos los capítulos!, que Myrna me consiguió en Radio UNAM.
Comienzo a escuchar el primero, y voy recuperando mi corporeidad para poder escribir en el blog:

Escúchalo:

Toda la mexicanidad de la radio novela me transporta allá y me devuelve, al menos, la sonrisa.

08 diciembre 2009

.. preparando las maletas


Preparo las maletas con una gran extrañeza. “Soy el mismo pero cada día soy otro”, escribió Alejandro en su blog pocos días antes de regresar para España (9nov2007 Fin de temporada).
Así me siento, otra muy distinta a la que llegó a la Ciudad de México hace dos meses y dos días. Carreteras, hoteles, ciudades, públicos, libros, libros, cielos azules, cielos estrellados, mezcal, pláticas, amigos. Regreso a casa con extrañeza de lo que allá dejé, con extrañeza de mí misma.
Busco en el blog de Alejandro la palabra “maleta” para ver si encuentro un rastro familiar, una pista de mí en este ir y venir, del que escribió en el último viaje que hicimos juntos:

20sep2007 Las maletas, saliendo de España.
12nov2007 Tráfico de horas, preparando la vuelta.

Me sumerjo en su prosa y en su voz, mientras sigo preparando con una gran extrañeza las maletas.

Alejandro Aura:

Autoretrato

22 noviembre 2009

.. en el recuerdo de Cecilia


Todos son recuerdos, me acaba de decir mi madre cuando le he dicho que era el aniversario de la muerte de Cecilia, sí, se va llenando la vida de recuerdos.

Y en el blog de Alejandro puedo pasear por aquellos días, sus palabras son una linterna sobre los recuerdos: 22 de noviembre de 2007

Le dedico estos lirios que me regaló anteayer Fernando Zaragoza porque son del color de Cecilia:

18 noviembre 2009

.. en los nopales del camino


En el camino hacia San Luis Potosí, con la camioneta cargada con las cajas del archivo de Alejandro Aura, con un deleite de mezcal en mis labios, con la música suave adormeciéndome, al abrir los ojos vi las sombras alargadas del atardecer cubriendo el paisaje, la poca luz haciendo grande cada detalle, multiplicando los verdes de la naturaleza.

Se oscurecía el paisaje y se iluminaba el nopal. Adquirió el protagonismo de la escena. Escuché sus palabras. Puedo alcanzar la altura de un árbol y le doy cobijo, o quedarme del tamaño del trigal para platicar con él. Me despliego como abanico, como árbol genealógico, como un haz de cartas en la mano, construyo lindes, levanto barreras, te protejo. Soy yo, amigo, compañero, para siempre.

Estas palabras se cruzaron con las del poema: colosal, fenomenal, total. Lo leía Alejandro cada vez que presentaba su último libro de poemas “Se está tan bien aquí”, que lo incluye. Le iba cambiando la voz, se iba haciendo uno con él.

Alejandro Aura:

Ayer lo vi, lo sentí, era Alejandro-nopal, nopal-Alejandro. Y movía sus manos de manopla desde el desierto, diciéndome hola y adiós, adiós, hola. Aquí estoy, aquí estamos. ¿Seré tu patria?¿Somos tu patria?

Y cayó el telón, y sus voces se quedaron dentro de mí.

PD para Alejandro: una vez más un poema que cobra todo su significado ahora, después de.

14 noviembre 2009

.. en la noche de ayer, aquí en tu ciudad


En la Ciudad de México, cuando los días se suceden vertiginosamente, como estos últimos, presentaciones, conversaciones, estrenos de teatro, gente y más gente, siento al parar que te dejé atrás, que te perdí en el camino.

Anoche al meterme en la cama, sentí la necesidad de escuchar tu voz (eché mano de La invención de Morel) y busqué ese poema, tan largo y un poco imposible, que me leíste una noche cuando llegué a casa después de todo el día de trabajo:

Para hablar de economía:

Y entré en la noche, y entré en los sueños, y entré en un remanso de paz.

27 octubre 2009

.. de nuevo en el DF ..




.. presentación de los libros "El aura de Alejandro" y "Cuentos y ultramarinos". Será el próximo jueves a las 13h. La organizadora de este evento es Carmen Lechuga, a quien estoy agradecida por su saber hacer como gestora cultural, por lo fácil que ha sido la comunicación con ella a lo largo de estas semanas.



Paseando en diciembre pasado por Insurgentes, avenida de tamaño inimaginable en Madrid, cuarenta y siete kilometros que se saldrían de la ciudad, sentí un absurdo existencial de esos que te aplastan contra el asfalto y te cortan la respiración, "¿qué hacia en esta ciudad sin Alejandro?". En marzo la relación con la ciudad se suavizó, ahora siento que comienza una nueva historia de entendimiento entre ella y yo. Y me trae a la boca el sabor amargo a veces, dulce otras, intenso siempre de los poemas de "Volver a casa".


Todos las presentaciones: ver



23 octubre 2009

.. en el camino a Colima.


Llegamos anoche a Colima desde Morelia, con etapa en Apatzingan, donde la magia y la música, el son michoacano, rodeó nuestra aventura.
Morelia, Tacámbaro, Paztcuaro, Apatzingán, Uruapan, Carapan, Purépero, Zapotlán en la noche, dejarán para siempre de ser puntos sobre un mapa de carreteras, porque ya se mezclaron con otros nombres: Rosario Ortiz, Pedro-Ignacio García-Quiroz, Raúl Eduardo González, Manuel Ortega, Juan Pascoe, Sue, Jaime Arrangoiz, Marta, Laura y Violeta cuya calidez e intensidad cambian la escala del mapa. Al que añadí un nuevo lugar, para responder cuando me pregunten y, ¿usted de dónde viene?, de Sueñámbaro, en Tierra Caliente, cerca, muy cerca de Apatzingan, "vayan", les diré, "allá también se puede soñar despierto".
En la carretera ascendente desde Uruapan, la luz del atardecer se extendía sobre la verde llanura, como un velo de seda que resalta los rasgos de un rostro, porque deja que la imaginación trabaje en completar esa belleza.
No fui capaz de fotografiarlo, pero sí esta nube que nos acompañaba, y que me recuerda a un sueño en el que Alejandro era una nube sobre la cima de altas montañas:



Mañana se presentarán acá los libros de Alejandro, informan en esta nota de prensa que contiene muchos datos incorrectos, lo cual permitirá en el futuro construir un Alejandro aún más polifacético de lo que fue:

Presentarán obra de Alejandro Aura

15 octubre 2009

.. en el cielo camino de San Luis Potosí


Para estos días de tanta carretera, de soledad, de distancia del centro de una misma, viene bien esta fotografía que nos regaló el cielo llegando a San Luis Potosí.

Azul como Alejandro, y tan llena de paz.

27 septiembre 2009

.. en el adiós a Carlos Aladro


Ya todas las muertes me hablan de ti.

La noticia me llegó porque me tenía que llegar. Salió en El País veintidós días después de que sucedió:

Carlos Aladro Durán, una eminencia en teatro infantil

Es decir, Carlos Aladro se fue como vivió más de la mitad de su vida, apartado del mundo, en el silencio del anonimato. Y en ese periodo se convirtió en mi cuñado, hace unos veinte años. Me mostró el mundo del teatro, de la noche, de lo no establecido, del desorden y un poco la locura. En fin, fue mi salida al mundo, mi primer maestro fuera de las aulas.

Pensaba en un reencuentro y desechaba la idea, y volvía a pensar y desechar. Ahora la muerte ha puesto el punto final. Hasta siempre, Carlos.

Este es el “Títere para un Ángel de Swedenborg” que me regaló, fechado en mayo del 1992:

Y me reafirmo en mi conclusión: la muerte de los otros obliga a reconstruirse.