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22 abril 2010

.. en una encuesta de Canal 22


Si me preguntan que si creo en las estadísticas diré que sí, eso es lo que estudié y a eso me dediqué algún tiempo.
Me llegó la pasada semana esta información, de una encuesta realizada en Canal 22:

Categoría literatura, mejor libro de poesía, nacional:

• Tarde o temprano, José Emilio Pacheco (FCE) , 35% de los votos.
• Se está tan bien aquí, de Alejandro Aura (Ed. Calamus) , 12%.
• Nueva memoria del tigre, de Eduardo Lizalde (Ed. FCE) , 9%


La noticia completa se titula: Novela de Villoro, la mejor de la década

Y bueno, ya se sabe que Canal 22 hace una televisión de calidad, es decir, que sus televidentes muy, muy representativos de la población no son. Independientemente de la bondad de la muestra, del rigor estadístico, me da mucha alegría. Y si el dato contribuye a que el libro sea más popular, más leído, me añadirá gotas de felicidad.

Mientras tanto, quien quiera leer el libro por Internet, o escucharlo en la voz de Alejandro, que pique aquí: Se está tan bien aquí.. Y quien quiera comprarlo que nos cuente si lo encontró.

Escojo en esta ocasión este poema del libro, con la ilusión de que brinque y brinque por Internet, para que alcance el lugar que merece:

COMO TODAS LAS VIDAS QUE SABEMOS


Escúchalo en voz de Alejandro Aura:

14 abril 2010

.. enredado con José Luis Cuevas


No sé si quiero contar, se van enzarzando las casualidades y me abruman. En aquella semana todo giró entorno a José Luis Cuevas y lo dejé pasar, hoy sí, aquí va:

* Un mensaje de Alonso Barrera hablándome del poema para iniciar el montaje sobre “Cuentos y ultramarinos”: Un soliloquio de José Luis Cuevas.

* El artículo de Elena Poniatowska, en La Jornada, donde Cuevas nombra a Aura: Esto no tiene remedio José Luis Cuevas.

* El libro en casa de Octavio Vázquez:



* Con un prólogo de Alejandro, editado en 1997. Qué vueltas da la vida, cómo lee uno depués de que llegó el futuro y nos mordió con rabia los talones y embarró los días, los que iban a venir nuevecitos y planificados. ¿Quién se atreve a decir futuro?.

Volviendo al libro, lo deboré buscando qué escribe Cuevas sobre “La enfermedad de Bertha” y ... celebré infinitamente que incluyera el prólogo que aquí os comparto:


PRÓLOGO A CUEVAS

He estado remoloneando varias semanas con el prólogo que me pidió Octavio Vázquez para este libro. Más que nada porque, aunque no soy trabajador, he estado abrumado de trabajo. Soy, además, de los que eluden la enfermedad y la muerte a toda costa; no quiero tener nada que ver con esas cosas que les ocurren a los demás. Pero como quiero a José Luis y a Bertha, y los admiro, llegó un momento en que la conciencia me dijo que ya me estaba yo pasando de evasivo y que tenía que leer los trabajos del Cuevario referentes a La enfermedad de Bertha, los que forman esta edición parcial del vastísimo material escrito por José Luis.

Me duele que Bertha se haya enfermado y me alegra muchísimo que le detectaran a tiempo el mal y lo pudieran conjurar. En esos días aciagos la vimos en Zihuatanejo, Carmen, nuestros hijos y yo, y no parecía estar dispuesta a deponer su fortaleza. Sí: vivirá ciento veinte años y contará, sin poderse quedar quieta frente a su tejido, aquellos años locos del fin de Siglo en que hasta cáncer tuvo.

Como quiero mucho a Octavio y no sé decirle que no, lo primero que pensé, cuando me pidió que escribiera algo para un libro de Cuevas fue hablar de su trabajo como artista, y eso me pasó más que nada por disperso, porque no puse atención a lo que me pedía, porque no me percaté del tema sino del personaje, y anoté estos sencillos trazos: “Aunque el protagonista único de sus dibujos sea nominalmente él mismo, Cuevas no hace otra cosa que dibujar a los mexicanos de su época, al prototipo de sus contemporáneos.”

Ya que releo mis notas primeras, pienso que José Luis Cuevas es semejante a sí mismo en todo lo que hace, escrito, hablado, dibujado…

“Sus dibujos son la inmolación constante de sí mismo en el altar de su devoción: los seres de su tiempo.”

Y ahora se me ocurre que su visión más que regional es universal, que Cuevas, y por eso su obra toca la puerta espiritual de todas las sensibilidades, es un artista total. Dije antes mexicanos, pero corrijo: humanos.

“Nos mira a todos con ojos voraces, ve nuestros gestos, coge nuestras actitudes, se alimenta golosamente del aura que nos envuelve. Y queriendo ser parte del ser de todos acaba por ser sólo el espejo, el niño ajeno, el ojo que llora."

“Cuevas nos representa como no queremos ser representados, nos hace feos, sórdidos, agazapados, tristes, débiles, ateridos. No hace concesiones, por más que diga con sus palabras lo que no dice con su obra gráfica: los extraviados ojos de sus dibujos, gelatinosos, dispersos, no saben nunca hacia dónde mirar; si acaso, ven al frente, en donde el pintor, azorado, los crea sin darles respuesta; no hay ninguna esperanza. Cuevas no tiene esperanza en este modo de ser, no ve ni ofrece ninguna salida; la escapatoria es la belleza, pero estamos tan lejos, tan lejos…"

“A ver, déjenme equivocarme: Cuevas quiere ser todos los personajes de su tiempo porque le parece poco ser nada más él mismo, o porque le parece poco lo que es y necesita ser todos”.

Cuando escribí estas breves notas no estaba pensando en el Cuevario sino en sus dibujos, pero al leer las páginas que ustedes leerán, que están llenas de sencillas declaraciones de sentimientos comunes de la vida real, me di cuenta de que Cuevas es un cuerpo sólido, muy sólido: José Luis Cuevas es un modo de ser.

“Puesto ante los dibujos de Cuevas soy como el lector conmovido de unas páginas de exquisita escritura; sé que el autor las tiene todas consigo, que no me soltará de la mano cuando me haga asomarme al abismo –y lo hace con frecuencia-, que el dar infinitas vueltas en la misma habitación a lo largo de los años no es sino constancia, amor a lo que ve, fidelidad al dolor que lo tiene cautivo.

“Cuando todo esto haya pasado y los habitantes de un país que quizás tenga el mismo nombre que ahora tiene nuestro territorio se asomen a su tormentosa historia, encontrarán en los dibujos de José Luis Cuevas el retrato perfecto de una época malhadada del mundo."

“Eso veo en la obra de Cuevas”.

Pero no, yo estaba pensando en otra cosa; no había leído los Cuevarios y andaba muy lejos del gemido de Cuevas por la enfermedad de su compañera. Qué Cuevas tan apesadumbrado y atónito, a pesar de su trato constante con la enfermedad, de su presunción de ser un hipocondríaco consecuente y creativo, a pesar de los recursos físicos y espirituales abundantes para hacer frente al trance. El Cuevas que se lee en las páginas de este libro, con todo, y sus exabruptos de machismo, de mundanidad probada (el escudo cosmopolita es también un uniforme de época), de deferencia social, es un hombre frágil, tierno, bobo, azorado ante el hecho brutal de la fragilidad de la vida. Ah: lo mismo que antes había detectado en su prodigiosa obra de artista.

Qué bueno que me sobrepuse a mí mismo. Ya me había ocurrido antes, cuando escribí el improbable poema Un soliloquio de José Luis Cuevas.

Alejandro Aura

27 febrero 2010

.. en la prensa de vez en cuando


Y sí que me da alegría y a veces me emociona como una música suave que te sale al encuentro en una esquina. Me da alegría saber que alguien acá o allá recuerda a Alejandro, pinta su semblanza, recuerda sus versos, o propone su nombre para mantener su memoria.

Miguel Ángel Ortiz, en La voz de Durango: Volver a casa, 10feb2010.

Notimex: Da a conocer Delegación Coyoacán su programa cultural, 19feb2010.

Me da alegría saber que no solamente yo, y constatar la fuerza de las sombras:



10 febrero 2010

.. en la desaparición de Esther Seligson


Las muertes repentinas me provocan, desde niña, estupor e incredulidad. A cada golpe de mirada al horizonte responde otro golpe de pensamiento "Esther ya no estará nunca". Y su presencia se hace cada vez más fuerte, como si estuviera al final del trayecto esperándome y me dijera: "no me habías dicho que me trajiste un regalo de España". Cierto, no te dije, era una sorpresa para cuando nos viéramos, un camaleón para tu animalario, pero no nos encontramos. Así que te espero esta noche o cualquier otra en la que caigas por mis sueños.

Esther columna, Esther maestra, Esther desencuentro.


Para saber más de ella:
En la página del INBA
En Milenio
En La Jornada

04 febrero 2010

.. en la palabra cáncer


No sé si sea posible pero es una palabra entre tabú y desgastada. Hoy es el Día mundial de la lucha contra el cáncer, me enteré por este artículo, curioso porque se centra en los escritores:

Han perdido la batalla contra el cáncer escritores de todo el mundo.

Es una batalla, sin duda como todas desgastante, pierdas o ganes.
Alejandro murió de esa enfermedad y tantos otros millones de personas, cada vez más, son las previsiones. ¿Por qué se está tan lejos de un remedio? ¿Quizá no se estén enfocando bien las investigaciones? Al escribir estas preguntas me acuerdo de este texto, que permanece desde que lo escribió Alejandro en el escritorio de su MAC:

Debieran organizar una Expocáncer, yo creo que sería un éxito,
en donde todo el mundo pudiera presentar sus curaciones alternas
y discutir con los laboratorios el tema de las patentes. Porque
siempre me salen con que hay un producto definitivo pero no
lo pueden promover por culpa de los intereses transnacionales
de las farmacéuticas. Y sí lo creo pero los perjudicados somos
los miles y miles que no podemos beneficiarnos del talento común
desperdigado por el mundo.
jueves, 24 de julio de 2008, 21:57


Hoy quiero dedicar este vídeo, con esa luz que aparece en el horizonte, a todos los que están en la batalla:

Atardecer azul



Y para los que tengan ganas de seguir leyendo, seleccioné para hoy estas dos entradas, de las cientonueve que etiquetó Alejandro con la palabra "cáncer" en su blog:

2008mar11: Autorreconstrucción
2008jun09: A buscar alternativas

En una domina el humor y en la otra el no dejarse decaer en la batalla, ambas posturas que no cesaré de admirar.

31 enero 2010

.. en un texto de Gabriel Vega


Me lo envió su autor en septiembre, flotaba en el recipiente de los pendientes. En octubre le conocí pues aportó su calidez al público que acudió a la presentación de los libros de Alejandro en Querétaro, donde reside. Y ahora me llega de nuevo el texto porque se ha publicado en el diario de esa ciudad. Lo he leído y releído en todos esos medios, y cada lectura ha sido distinta, he ido pasando de los exotérico a lo esotérico, o viceversa.

La muerte de un diez perfecto en Alejandro Aura. El mismo artículo, distintas grafías, mínimas diferencias y diversos comentarios:

En su blog: El vendedor de poemas

En el: Diario de Querétaro

En el blog: Literactivo

Por primera vez, me he dado cuenta de que nombra un poema de Alejandro, como si se hubiera ocultado entre las cábalas del autor. He acudido presurosa a leerlo en su blog: "Las casas terrestres". Y sigo leyéndolo.

27 enero 2010

.. en un artículo de 1998 de Guadalupe Loaeza



Se publicó el 24 de marzo en el periódico Reforma, han pasado más de diez años. Supongo que la prensa está archivando todo su pasado en el oceáno de internet, y el pescador google me lo acaba de dejar en mi correo personal.

No he conseguido acceder al artículo completo, creo que hay que ser socio de una biblioteca en EEUU o Canadá, y no, no lo soy, pero aquí va lo que sí está disponible:


Guadalupe Loaeza / El aura de Alejandro.(Nacional)

Reforma (México D.F., México) | March 24, 1998

Algo me dice que el aura de Alejandro Aura es de color ámbar. Más que amarillo, el tono que irradia su personalidad es entre rojo y anaranjado. De allá que sea tan luminoso y cálido. Cuando Alejandro entra a algún sitio, se diría que en esos momentos, como por arte de magia, se encienden 10 chimeneas a la vez. Así es de caluroso.
Desde que Alejandro era niño siempre fue muy señor. Es decir, atento, respetuoso y muy delicado hacia los demás. Curiosamente, ahora que ya es un señor hecho y derecho, hay momentos en que parece un niño que lo único que quiere es divertirse. Lo que sucede es que Alejandro tiene un sentido del humor pri-vi-le-giado. Le gusta reír, pero sobre todo, hacer reír. Nunca se me olvidará cómo me carcajeé la primera vez que lo conocí. No obstante ya era muy famoso por sus libros, sus programas de radio y su obra de teatro Salón Calavera, nunca lo había visto. Fue hace muchos años en el Hijo del Cuervo. Hacía el papel de Encarnita Propia (Sánchez) la famosísima sicóloga de la XEW de la década de los cincuenta. La obra se llamaba XE Bululú (en el teatro clásico español, ...


Y el enlace, por si alguien tiene la curiosidad y los requisitos para acceder al artículo:
Guadalupe Loaeza / El aura de Alejandro.(Nacional)

También en la hemeróteca de Reforma está, pero no soy suscriptora. Ni modo. Hoy no va a ser el día que lo lea completo.

05 enero 2010

.. en este texto de María Elena Aura


A María Elena solo la he visto dos o tres veces, después de que Alejandro muriera, él me habló de su hermana muchas veces y de la pena de no haberla visto en muchos años. Esa pena que iba acompañada de un "nimodo" característico de la aceptación teñida de sabiduría de Alejandro para las cuestas arriba de la vida.

María Elena, poetisa y dramaturga, publicó un texto sobre su hermano en la revista Paso de Gato, en el último trimestre del año 2008. Junto al texto que ya publiqué de José Ramón Enríquez.
En la etiqueta de la foto dice: "Alejandro Aura en El tío Vania, de Chéjov, dir. Ludwik Margules (1978). C Rogelio Cuéllar".

María Elena Aura, en la sombra, no sé si por elección o por imposición de la vida, pinta en este texto una característica del hermano con el que compartió difícil infancia e intensa juventud.


EL HILITO DE LA RISA


por María Elena Aura


No puedo recordarlo de otra manera, y sin embargo, no tengo ninguna fotografía de mi hermano Alejandro sonriendo, lo cual me parece imposible, ya que siempre nos reímos de más, tanto, que mi abuela nos decía que si seguíamos así, se nos iba a reventar el hilito de la risa. Pero la alegría de vivir no se amedrenta con tan respetables amenazas. Así que nos la jugamos. Y resultó que primero se revienta la vida que el famoso hilito.

Las fotografías que conservo, aunque la sonrisa se le salga por los ojos, son algo así como: "Alejandro y Marta de uno y tres años respectivamente, sentados en un sillón de cuero" o "Alejandro, como línea vertical, en su primer traje de pantalones largos"; formales, estudios fotográficos, pues, pero eso sí, perdurables y enmarcables, propias de mexicanos nacidos en la primera mitad del siglo XX, cuando ni siquiera los Reyes Magos o Santa Claus acostumbraban retratarse con los niños. Ellos no eran ficción tangible, pertenecían al mundo de la imaginación. Nadie andaba buscando el momento mágico con su Kodak colgada al hombro, ni disparando el celular a la primera provocación. Los fotógrafos estaban en algunos parques, tras su manto negro, esperando a enamorados que quisieran perpetuar su romance. Otros deambulaban por San Juan de Letrán, sorprendían al transeúnte con su flashazo y le entregaban un papelito con el que, en unos pocos días, podría presentarse a recoger su instante eternizado; aun así, era sólo parte del folclor. Esas fotografías, igual que flores secas, se quedaban entre las páginas de algún cuaderno o al fondo del cajón de los olvidos. Tengo, eso sí, innumerables palabras fotográficas, de las cuales, escojo algunas para compartir, con sus vivos y sus muertos, la sonrisa de mi hermano:

Alejandro, de puntitas, sobre una silla de madera, contempla desde una de las ventanas de nuestro departamento, en Gabino Barreda, la enorme carpa del circo Atayde.

Alejandro cruzando sus delgadas piernas al estilo Olimpo; nuestro padre saborea las palabras como él.

Alejandro, con sus pequeñas manos largas, talla la espalda de mamá Lita, nuestra abuela, quien disfruta su baño sabatino de eróticas burbujas.

Alejandro, a punto de llevarse a la lengua el piñón recién partido.

Alejandro jugando a las "cebollitas" con las niñas.

Alejandro apila las monedas en la cajita, ya vacía, de chicles, dulces y cigarros.

Alejandro, liberado del casquete corto y la goma de tragacanto, mueve su melena de poeta por el Paseo de la Reforma con un libro bajo el brazo.

Alejandro colocando con estruendo su Olivetti sobre una mesa del Sanborn's del pasaje Del Prado.

Alejandro cose los cojines negros (sala) de nuestro primer departamento para tertulias literarias, o lo que es lo mismo: para vivir libres y felices.

Alejandro, en su comodísimo sillón, escucha música de Agustín Lara, aspirando el aroma de su copa de coñac.

Alejandro asomándose a la olla de agua hirviendo, en donde, voluptuosas, se abren las almejas mostrando sus sonrosadas impudicias.

Alejandro rebanando generosamente el pan de cada día.

Alejandro arrojando monedas en el kiosco de Tiépolo para que el dinero, a nadie, nos falte nunca.

Alejandro en su último vuelo hacia el amor, susurrando palabras al oído del Aura de Madrid.

Alejandro en traje de lino blanco rumbo al espacio de la poesía.

Y de pilón, a la usanza de nuestros tiempos:

Alejandro Olimpo Aura Palacios, rodeado de sus diosas, ensarta estrellas en el hilo infinito de su risa.

22 diciembre 2009

.. en un artículo de Guillermo Samperio


Que vivo como un inesperado regalo de Navidad, con el que alguien desconocido acierta plenamente, no sé exactamente el por qué, como si fuera un regalo para el futuro, que sabes que tendrá más sentido mañana que hoy. Y lo atesoras.

Es de Guillermo Samperio, apareció en Milenio el día 12 pasado y así está encabezado:

Remembranza
Cinco fotografías de personas fallecidas y tres relojes inservibles colocados sobre un secretaire, son el punto de arranque de una reflexión, cálida y nostálgica, sobre el afecto, el tiempo y la vida.


Yo añadiría: sobre la manera de relacionarnos con nuestros muertos; y la imagen de los relojes muertos se me quedó tatuada en la piel.

Lo puedes leer en: Mi breve mausoleo

16 diciembre 2009

.. en la Revista de la Universidad de México


En las páginas noventa y cuatro y noventa y cinco aparece un artículo de Ignacio Trejo Fuentes. Lo podéis leer y/o descargar pues está en .pdf en esta dirección:
Para recordar a Alejandro Aura

Yo, con el permiso del autor, le cambiaría el nombre por “Para leer a Alejandro Aura”. Me alegra especialmente por esa sensación que me acompaña, espero que sea neurosis sin fundamento, de que a Alejandro no se le lee, de que su dispersión en el mundo de la cultura mexicana, su polifacética personalidad, sus excelencias como cocinero y anfitrión eclipsaron al escritor, al poeta. Ahora que él no está deseo, tanto como él lo deseaba, que su prosa y su poesía estén presentes. E Ignacio Trejo aporta un rayo de sol:

“…los materiales de Cuentos y ultramarinos enamoran a quien los lee, por la nada sencilla razón de que están escritos con una mano en la inteligencia y la otra en el corazón. Y se nota en ellos, a leguas, la estirpe poética de Alejandro: su prosa está rigurosamente vigilada, y por momentos nos olvidamos de que es tal y nos dejamos arrastrar por un río incontenible de poesía, y es que el autor mide cada palabra, toda frase, y les da un ritmo terso y eficaz.”

Invita a la lectura de “Cuentos y ultramarinos”, y dan ganas de ir a comprarlo. Si no lo encuentran no se preocupen se está preparando la reedición pues parece que se agotó la primera.

Incluyo la maravillosa portada de Magali Lara, pues, por algún motivo que desconozco, no aparece en el artículo y sí las de otros libros de Alejandro.

10 diciembre 2009

.. en la Nueva gramática de la lengua española


Si tienes un rato para buscar la palabra diccionario en el blog de Alejandro, y un ratote para leer todas las entradas que aparecen pasarás un momento delicioso como el que yo acabo de pasar.

Volví a Madrid y aunque tanto mi alma como mi cabeza siguen allá, en México después de dos maravillosos meses, decidí retomar rutinas a ver si regresan. La primera fue la de ver las noticias a las nueve de la noche, volver un poco al mundo después de mi larga ausencia. Y me encontré con la noticia de que la RAE publica la “Nueva gramática española”, no solo para los de España sino para los cuatrocientos millones de hablantes del español. Así lo cuenta El País: Un acto de unidad del español

Ya Alejandro correría a comprarlo para tener más aguas de la lengua en las que navegar, más colores en su paleta de poeta, más ingredientes para cocinar sus poemas.
Para comprobar si sí tuvieron en cuenta tal o cual uso de determinada palabra, si ya no se necesita en su blog este deleitoso GLOSARIO, cuya necesidad explica así: Tres cositas
Para comprobar si ya no necesita corregir a la RAE con un poema: Como buenos hermanos
O, para comprobar, si se les ocurrió usar este titulado: EJERCICIO DE ORTOGRAFÍA

De todo lo que leí, quiero finalizar compartiendo este texto, por divertido y heroico, que los diccionarios fueran remedio contra la tos: Alboroto verbal, a falta de bálsamos de Fierabrás.

23 octubre 2009

.. en el camino a Colima.


Llegamos anoche a Colima desde Morelia, con etapa en Apatzingan, donde la magia y la música, el son michoacano, rodeó nuestra aventura.
Morelia, Tacámbaro, Paztcuaro, Apatzingán, Uruapan, Carapan, Purépero, Zapotlán en la noche, dejarán para siempre de ser puntos sobre un mapa de carreteras, porque ya se mezclaron con otros nombres: Rosario Ortiz, Pedro-Ignacio García-Quiroz, Raúl Eduardo González, Manuel Ortega, Juan Pascoe, Sue, Jaime Arrangoiz, Marta, Laura y Violeta cuya calidez e intensidad cambian la escala del mapa. Al que añadí un nuevo lugar, para responder cuando me pregunten y, ¿usted de dónde viene?, de Sueñámbaro, en Tierra Caliente, cerca, muy cerca de Apatzingan, "vayan", les diré, "allá también se puede soñar despierto".
En la carretera ascendente desde Uruapan, la luz del atardecer se extendía sobre la verde llanura, como un velo de seda que resalta los rasgos de un rostro, porque deja que la imaginación trabaje en completar esa belleza.
No fui capaz de fotografiarlo, pero sí esta nube que nos acompañaba, y que me recuerda a un sueño en el que Alejandro era una nube sobre la cima de altas montañas:



Mañana se presentarán acá los libros de Alejandro, informan en esta nota de prensa que contiene muchos datos incorrectos, lo cual permitirá en el futuro construir un Alejandro aún más polifacético de lo que fue:

Presentarán obra de Alejandro Aura

11 octubre 2009

.. en el Zócalo de la Ciudad de México (II)


Ayer fue la presentación de los dos libros. Y así os lo cuento:

Nos acomodaron en una salita de butacas blancas dentro de la carpa "Julio Cortázar", frente al público y a enormes cabezas recortadas de escritores que adornaban el recinto, me fijé especialmente en José Emilio Pacheco, porque estaba frente a mí y le sentí muy atento, los demás andaban como ausentes en su personalidad de papel. Y yo, que no acababa de sentirme cómoda, en esa salita sin paredes en la que se colaba todo el ruido de los vecinos, comencé a dar paso a los participantes:

María Cortina presentó "El Aura de Alejandro. Fragmentos del blog"
Subió Marta Aura a leer "Aguas con el Zócalo", perfecto para el lugar y texto todavía de actualidad.

Ricardo Cayuela presentó "Cuentos y ultramarinos".
Y el encargado de la lectura fue Simón Guevara, que eligió "Mi hermana Lola, mi hermanita". Para mí se trata de un cuento muy conocido, pero la brillante lectura y las caras a la expectativa del público me aportaron nuevos significados de esa inquietante narración.

Llegó la hora de Fernando del Castillo que cerró el acto con toda la magia que pone a lo que toca, mejor dicho a lo que canta, y sentí que cerró las paredes del recinto con su calidez.

Desde el inició apareció Irma con su gran eficacia, fue resolviendo todo lo que había quedado en manos de la improvisación, los separadores, las fotos, la venta de los libros ...

(... continuará con las fotos, el audio y los textos ...)

Y así lo contaron ellos:

Informó la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad

México, DF, a 10 de octubre de 2009
Se presentan en la Feria del Libro en el Zócalo dos libros de Alejandro Aura

· El Aura de Alejandro incluye fragmentos del blog que el escritor hizo en la etapa final de su vida

· Cuentos y ultramarinos reúne textos escritos a lo largo de la vida de Aura, seleccionados por él mismo

El Aura de Alejandro y Cuentos y ultramarinos, libros de Alejandro Aura, se presentaron esta noche en el marco de la Novena Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México. La presentación de los volúmenes estuvo a cargo de Milagros Revenga, última pareja del escritor, y de María Cortina y Ricardo Cayuela, amigos personales del poeta. Marta Aura, su hermana; y Simón Guevara Aura, su sobrino, leyeron fragmentos de ambos volúmenes.

Cuentos y ultramarinos, publicado por la Ediciones Sin Nombre, reúne textos escritos a lo largo de la vida de Aura, seleccionados por él mismo; mientras que El Aura de Alejandro, editado por Sabor a Aura de Milagros Revenga (la primera edición fue de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal), incluye fragmentos del blog que el escritor hizo en la etapa final de su vida (falleció el 30 de julio de 2008).

Al presentar El Aura de Alejandro, María Cortina comenzó por preguntar: “¿En dónde se encuentra la sustancia de la obra de Alejandro Aura, en el poeta, en el dramaturgo, en el actor, en el danzonero, en el promotor cultural, en el cocinero de palabras y manjares, en el conversador, en el diplomático, en aquél que le soltó las amarras a la cultura, en el lector incansable o en Alejandro, el bloguero?”.

¿En cuál de todos estos Alejandros descubrimos el aura de Alejandro?, añadió, “¿dónde, la intensidad de la vida? Ya lo escribió Julio Trujillo: el blog de Alejandro es vida, pura vida, revienta de vida. Por eso, desde que comenzó a escribir todas las mañanas en su blog, Alejandro comenzó a estar cada día más vivo. Mientras más se ataba el cáncer a su respiro, más pura, más fuerte, más intensa se fue haciendo su palabra y su obra”.

Este libro, es una muestra de lo que fue su blog, “pero también es una prueba de que si en algo Alejandro se equivocó fue en creer que todo acabaría con su muerte. El volumen está integrado por 24 fragmentos de textos de este sitio”, concluyó Cortina, tras señalar también que “esta Feria del Libro en el Zócalo es una de las locuras geniales de Alejandro Aura”.

Por su parte, Ricardo Cayuela, al presentar Cuentos y ultramarinos, señaló: “No se me ocurre mejor escenario para hablar de Aura que justamente el Zócalo de la Ciudad de México en una Feria del Libro. Efectivamente reúne este momento dos de las pasiones del hombre público que fue: la pasión por la Ciudad de México, que lo acompañó desde niño hasta sus últimos días, y, desde luego, la pasión por la cultura: era un promotor cultural que tenía el extraño don de transmitir la pasión por la cultura, labor que hizo en todos los ámbitos de su vida”.

No se exagera al decir que es de la estirpe de los constructores de México, sostuvo, “desde su labor de crear clubes de lectura con sus propios recursos hasta la conformación de la Red de Libro Clubes de la Ciudad de México (que dependen actualmente de la Secretaría de Cultura)”.

El libro, comentó Ricardo Cayuela, “es una amplia selección de autor de sus trabajos en prosa. Es lo que se llama un volumen de varia invención: hay fragmentos de un diario, crónicas de un viaje, retazos de una narración, cuentos y también muchas viñetas urbanas”.

“Me parece que lo que le da unidad a este libro es justamente el tono inconfundible de Alejandro que tenía igual cuando hablaba por televisión que cuando recibía sus amigos en la casa: esa calidez tan especial de transmitir con humanidad y con inteligencia las ideas”.

Quien quiera conocer a Alejandro Aura fuera de sus poemas —que son la esencia evidentemente de su obra— concluyó, “tiene una muy buena oportunidad en Cuentos y ultramarinos para ver esa voz discursiva que tan suya; todo el libro es una cálida conversación con el lector”.


Calendario de presentaciones: ir

01 octubre 2009

.. en este texto de José Ramón Enríquez




Hay muchas personas del entorno de Alejandro a las que no he llegado a conocer en persona todavía, pero de las que he oído hablar, José Ramón Enríquez es una de ellas.

En este texto que apareció en el último trimestre del año pasado en la revista Paso de Gato, hace una estupenda semblanza de Alejandro desde la experiencia teatral, que define perfectamente al hombre.

Gracias José Ramón.


Alejandro Aura


por José Ramón Enríquez


Cuando me he referido a Alejandro Aura como a un juglar no he tratado simplemente de abocetar alguna metáfora amable o cualquier otro recurso retórico. He querido definir al actor, poeta, autor teatral, conversador, funcionario y director de escena que él fue dentro de una categoría específica de la dramaturgia, aquella que tiene como punto de partida lo que podríamos llamar con Barthes “el placer del texto”, con todos los significados de palabras como “placer” y como “texto”.

Es decir, como los juglares, Alejandro partía de un amor sensual (no sólo ideológico) tanto por la palabra como por la gestualidad que la acompañaba. En segundo término ponía la voluntad de documentación, la actualidad temática o la originalidad en la anécdota, aunque no dejaran de ser importantes.

Si la palabra "juglar" viene del latín joculator, el que juega, llega a nuestro idioma desde el provenzal ya con su sentido de cantor, de contador de historias, de acompañante en las fiestas populares, en las raras alegrías, las gestas y los sueños compartidos por los pueblos. En nuestra historia literaria, ante el mester de clerecía, oficio poético de los maestros del pueblo, el mester de juglaría se alzaba como oficio poético de ese pueblo que se hablaba a sí mismo, sin magisterio alguno, sólo con el júbilo que produce compartir la palabra.

Y Alejandro era un cantor jubiloso tanto arriba de escena como abajo. Mejor dicho, Alejandro era capaz de convertir en escenario cualquier espacio, inclusive el difícilmente poético de la estructuras burocráticas y convertirse por ello en “el mejor funcionario cultural que la ciudad se haya dado a sí misma, y que renunció a la dirección de su política cultural cuando la autoridad mostró desinterés por el arte y la cultura”, como lo definiera otro poeta, Eduardo Vázquez Martín, su colaborador en aquella gesta.

Discípulo de Juan José Arreola, otro juglar con todo el peso de la palabra, Alejandro quiso ser, como él, un gran actor. Y lo fue. Su emoción y su energía inacabables surgían del júbilo del oficiante y del contacto sensible tanto con un texto al que debía hacer carne cuanto con un público al que debía hacer suyo. Hacerlo suyo en la medida en que se volvía también de su propiedad.

Propiedad y propietario, al mismo tiempo, de público y de texto, contra principios que se quieren eternos de no contradicción. En realidad, un juego amatorio como Barthes quería no sólo en su definición del “placer del texto” sino en los Fragmentos y en su novela cercenada por la muerte absurda. Desde este juego me arriesgo a hablar de una “erótica del texto” a cuyo servicio se han puesto siempre los juglares. Y Alejandro fue un oficiante sin igual de tal mester.
Desde muy joven, en el taller de Arreola en la Casa del Lago, se entendió poeta y desde Silencio, pollos pelones se supo actor. Participó en puestas anteriores a esta de Carballido, dirigida por Dagoberto Guillaumin, pero he querido señalarla porque la vi, a la vuelta de mi casa, en Santa María la Ribera (foro del SNTE y calle del Naranjo). Alejandro tendría 18 o 19 años, yo 17 o 18, no nos conocíamos, pero ambos éramos de aquellos barrios.

No se detuvo nunca como actor. Actuó desde Sor Juana hasta Carballido, así como a Chejov, Musil, Lorca y Anouilh, por ejemplo. Lo dirigieron Guillaumin, Guevara, López Miarnau, Gurrola y Margules, también sólo como ejemplo. Y en 1979 quiso dar el paso a la dramaturgia con Las visitas, una obra que mezcló sueño y realidad, desde un hospital, con un paciente que hablaba del dolor y del amor, mientras llegaba el flautista de los orígenes -tres décadas antes de que a él le tocara visitar hospitales y escuchar el sonido final-; un llamado que anunció para Alejandro, estoy cierto, una nueva forma del amanecer.

A Las visitas siguió el gran éxito de Salón Calavera que dirigió él mismo para reescribir la textualidad sobre la escena. Ahí denunció la corrupción de un sindicato, la ANDA, que pretendía representar a su gremio. Y después, un juego entre la modernidad radiofónica y el mester de siempre: XEBululú.

Supo conversar como el mejor, ejercer el difícil oficio de anfitrión, dar de comer como nadie y hacer sentir siempre bien a quien con él se encontrara. Como decía Manrique, “¡qué amigo de sus amigos!”…

¡Qué juglar..!

26 agosto 2009

.. en los homenajes del 2008 (II)


De este artículo lo que más me gusta es el vínculo que establece el autor entre Alejandro y Juan García Ponce, porque esa relación la hicé yo en algún momento de los tres años de enfermedad. Caí en la cuenta de que la historia de Alejandro, una enfermedad terminal que se alarga mucho más de las espectativas dadas por los médicos, era similar a la que él me narró varias veces con admiración, la historia de García Ponce. Nunca se lo dije. No era necesario.


José de la Colina
Los inmortales del momento
El bloguero se fue...


Un blog es un correo de cartas sin papel ni tinta, de cartas escritas en el mero ondulante aire y en un silencio acaso apenas contrariado por un rumor de dedos que teclean. Un blog posee tal inmediatez, tal velocidad, tal eléctrico poder que de pronto las palabras que habían fluido silenciosamente en la pantalla pueden descargar un estruendo como el del trueno que sigue a ese ruido de tela rasgada soltado por el relámpago.

Día a día desde hace algo más de un año, el tiempo en que empecé a llevar trato con la Internet, acostumbro comenzar la sesión ante la pantalla de la laptop buscando los mensajes que me estén destinados; luego busco las noticias en los espacios electrónicos de los periódicos; luego aún, busco el blog escrito día a día por Alejandro Aura desde su casa o desde un hospital de Madrid y en el que publicaba sus poemas, sus comentarios de lector o de espectador de cine, sus recetas de cocina mexicana, algunas veces sus opiniones sobre la vida política de España y de México y del resto del mundo, y, siempre, la crónica de su heroico y casi alegre combate con el íntimo, el nefasto, el roedor ángel del cáncer, y, para terminar (momentáneamente) su “talacha” cotidiana en el blog, ponía allí su infaltable poema diario. Y ese misceláneo río literario iba desde la pantalla de escritura a las de sus innumerables amigos también blogueros dispersos por el mundo.

Yo, por más que no quisiera, veía venir el final, me decía que tendría que ocurrir un día, pero no había pensado que se manifestaría como un brutal estruendo paradójicamente silencioso en la pantalla de la laptop en la que, día tras día, me llegaba su tan animado correo. Y ahora he aquí que eso ya ocurrió la tarde del miércoles 30 de julio, apenas hace unos días, cuando abrí como de costumbre el blog de Alejandro y lo primero que la pantalla me presentó fue un breve párrafo que habrán tecleado su esposa Milagros o su hija María tan sólo unos minutos después de que habrán cerrado los ojos de Alejandro aún asombrados del suceso:
“Hoy, a las cuatro y media de la tarde, de Madrid, Alejandro se fue, y en este blog que le hizo seguir adelante cada día nos dejó sus palabras para siempre.”

Así es: el blog, al parecer su última razón de ser como escritor, le había hecho continuar su vida llevada adelante de día en día. Y recordé a Juan García Ponce, paralítico, dictando con la cada vez más apagada y esforzada voz, pero escribiendo, pese a todo, día tras día también; recordé a Juan que insultándonos de puro cariño nos gritaba a los amigos: “¡Yo no voy a dejar de escribir, cabrones, porque día en que deje de escribir, día en que moriré!” (Juan y Alejandro: qué héroes de la escritura, qué tenaz y alegremente continuaban escribiendo, como si la escritura fuese un modo casi alegre de perpetuación de la vida.)

Ahora, irremediablemente, el poeta de la vida cotidiana elevada a mito personal y a fábula de amigos, el histrión de los tablados y de las pantallas, el alegre combatiente y puntual cronista de su cabrón interior enemigo, el cáncer, se ha ido. Y ya no sólo las pantallas de Internet sino también esas otras pantallas, pero de papel: las de los periódicos, nos notifican que el hombre de los mil y un entusiasmos y los mil y un amigos, Alejandro Aura, histrión, cuentista, cronista, poeta, dejó de teclear su cordial blog allá en un hospital de Madrid.

En el recuerdo lo veo vivaz, delgado, de grandes ojos, de airoso mechón de cabello cano como un ala blanca aleteando sobre la frente, y con asesino puro habano en los incautos labios. Lo oigo diciendo con buena altisonante voz de actor la literatura suya y las de otros, antiguos y actuales. Lo recuerdo con su cordialidad briosa y su generoso sentido de la gastronomía y la comensalidad (gran embajador en España de la cocina mexicana, se adivinaba su sonrisa feliz cuando emprendía el blog diario con alguna frase como, por ejemplo, “Hoy tenemos romeritos”). Y releo un mensaje electrónico de hace años: “Tienes que venir, Pepe, tenemos que pasear la noche madrileña en compañía de los hermosos fantasmas de la Fortunata y la Jacinta hijas de don Benito, tenemos que vocear junto a Ramón la suave patria de mi tierra y tu trastierra (como tú dices), y luego, en la mañana aún friolenta, ‘parar’ en la entrada a Lardhy a saborear unas tiernas croquetas y un caldo resucitador de muertos”.

Ahora sucede que se fue... Pero queda su escritura que le prolongó la vida en carne y hueso y ahora le prolongará la vida virtual, así que esta noche le rendiré silencioso homenaje releyéndolo en su mejor obra en prosa: La hora íntima de Agustín Lara (Ediciones Cal y Arena, México, 1990), en la que dejó escritos algunos de sus días de niño de barrio, aquellos en que comenzaba a aprender el mester de poesía oyendo por la radio los boleros en los que Agustín Lara decía que el hastío es pavorreal que se aburre de luz en la tarde, y Alberto Domínguez decía (como ya antes dijera Baudelaire casi con las mismas palabras) que el mar es espejo de nuestro corazón.

Y un día, hace pocos días, Alejandro había escrito en su infatigable blog este poema:

Todos los días sucede/ que un hombre despierta en la mañana./ Pero la historia es lo de menos/ porque sabemos/ que en todas partes el amor sucede/ y suceden el odio y la paciencia,/ más visibles apenas que las flores/ pero igualmente alentados por la lluvia./ Todos los días los ojos de alguien/ se cruzan con el cuerpo del rayo/ y se agigantan./
Una mañana se levanta triste: este puñal es mío./ Y sucede que todas las campanas/ se ponen a tocar, furiosas, a su puerta.


(Publicado en Milenio Diario el domingo 3 de agosto de 2008)
(Publicado en Letras Libres el 19 de agosto de 2008)


13 mayo 2009

.. en la portada de DosFilos



Fue la otra cosa que me trajo Óscar de Zacatecas, varios ejemplares que José de Jesús Sampedro me envió de la revista que edita desde hace unos veinte años:






Son textos sobre Alejandro Aura, escritos por poetas que participaron en el homenaje que se le hizo en Zacatecas, en día 29 de septiembre del año pasado.



De izquierda a derecha:
Eduardo Váquez Martín (Brindis por el poeta), Armando Adame (Se quedarán las cosas), Andrés González Pagés (La locomotora de Alejandro), Julio Trujillo y José de Jesús Sampedro (Lo de ayer, y viceversa).

Poetas que le conocieron en diferentes momentos de su vida y que hacen a través de estos textos un completo Alejandro Aura. Los iré publicando.

09 mayo 2009

.. hoy, en el Canal 22

Hoy me salto el poema para que los que estén en México y leen el blog puedan ver el programa de esta noche en Canal 22:

Así me lo cuenta María Aura:

Se llama La noche boca arriba, saldrá al aire los sábados de 12 a 1 de la mañana, es decir, la primera hora del domingo. El programa lo conduce Fernando Rivera Calderón, el del programa del Weso y el palomazo informativo. Tendrá varios segmentos, invitados, música en vivo, etc.

A ver, mi sección se llama "La palabra Aura" es en homenaje a Juan José Arreola y Alejandro Aura. Está inspirada en "La palabra canta", que era una sketch que hacía Alejandro Suárez en La carabina de Ambrosio. Es una sección muy corta, pero que aparecerá todos los sábados.


Y así lo cuentan en SDPNoticias: Estrenará Rivera Calderón el sábado "La noche boca arriba"

Me encantaría verlo pero no se transmite el 22 en España y por Internet creo que tampoco. Ni modo.

03 mayo 2009

.. en el tratamiento informativo de la gripe A

Imposible no hablar de la gripe A, imposible no darle vueltas a como estará México, ya la mitad de mi vida está allá, si es que puede medirse.

Llevo varios días queriendo enviar un mensaje para contar lo del 20 de mayo en la Casa de América en Madrid, pero con qué cara abrirse un hueco en el peso pesado de la gripe A. ¿Será adecuado? ¿No resultará frívolo? ¿Heriré alguna sensibilidad?.

Tengo que decir que todos los correos que me han llegado de México son absolutamente críticos con el tratamiento de la pandemia, preguntándose y dando respuestas a cuál son los motivos reales para manejar así el asunto. Alguien me dijo, para encontrar la respuesta “sigue la ruta del dinero”, da escalofríos.

Y anoche después de escuchar al secretario de Salud de México, bajó el tono alarmista, me atreví a mandar mi pequeña píldora “sabor a aura”. Imposible no pensar en él. ¿Qué vuelta le hubiera dado?. Adolfo G. desde México me escribe así:

Querida Milagros, te escribo desde estas tierras tan aisladas, extrañando el sensacional sentido del humor y la oportunidad creativa del buen Alex, me lo imagino inventando algo para hacer más llevadero este aislamiento.

Yo también lo imagino.

Me llegó esta alerta informativa para estos tiempos de aislamiento, y me gustó: Recomienda José María Espinasa "Cuentos y ultramarinos", de Aura, en SDP Noticias

¡Ah! Y lo del 20 de mayo, aquí va: