07 enero 2010

.. en esta foto con la reina


Él no es que estuviera especialmente contento, le tocó y ya. Pero a mí me hizo mucha ilusión cuando me lo contó y días más tarde cuando llegó la foto, que vivió durante años perdida en un cajón que no le correspondía. Ahora la recupero y la comparto, porque llegan los reyes, aunque sean otros, y porque creo que sería buen título de cuento para niños: "Aura y la reina"

06 enero 2010

Olimpo me llamo VI




Me confundo.
Revuelvo mi alma
con las almas de los demás.
Altero los nombres y las fechas.
Cambio blanco por oscuro.
Y lo recuerdo todo.
Ah, compadres,
estoy en armonía.


Escúchalo en voz de Simón Guevara Aura:

05 enero 2010

.. en este texto de María Elena Aura


A María Elena solo la he visto dos o tres veces, después de que Alejandro muriera, él me habló de su hermana muchas veces y de la pena de no haberla visto en muchos años. Esa pena que iba acompañada de un "nimodo" característico de la aceptación teñida de sabiduría de Alejandro para las cuestas arriba de la vida.

María Elena, poetisa y dramaturga, publicó un texto sobre su hermano en la revista Paso de Gato, en el último trimestre del año 2008. Junto al texto que ya publiqué de José Ramón Enríquez.
En la etiqueta de la foto dice: "Alejandro Aura en El tío Vania, de Chéjov, dir. Ludwik Margules (1978). C Rogelio Cuéllar".

María Elena Aura, en la sombra, no sé si por elección o por imposición de la vida, pinta en este texto una característica del hermano con el que compartió difícil infancia e intensa juventud.


EL HILITO DE LA RISA


por María Elena Aura


No puedo recordarlo de otra manera, y sin embargo, no tengo ninguna fotografía de mi hermano Alejandro sonriendo, lo cual me parece imposible, ya que siempre nos reímos de más, tanto, que mi abuela nos decía que si seguíamos así, se nos iba a reventar el hilito de la risa. Pero la alegría de vivir no se amedrenta con tan respetables amenazas. Así que nos la jugamos. Y resultó que primero se revienta la vida que el famoso hilito.

Las fotografías que conservo, aunque la sonrisa se le salga por los ojos, son algo así como: "Alejandro y Marta de uno y tres años respectivamente, sentados en un sillón de cuero" o "Alejandro, como línea vertical, en su primer traje de pantalones largos"; formales, estudios fotográficos, pues, pero eso sí, perdurables y enmarcables, propias de mexicanos nacidos en la primera mitad del siglo XX, cuando ni siquiera los Reyes Magos o Santa Claus acostumbraban retratarse con los niños. Ellos no eran ficción tangible, pertenecían al mundo de la imaginación. Nadie andaba buscando el momento mágico con su Kodak colgada al hombro, ni disparando el celular a la primera provocación. Los fotógrafos estaban en algunos parques, tras su manto negro, esperando a enamorados que quisieran perpetuar su romance. Otros deambulaban por San Juan de Letrán, sorprendían al transeúnte con su flashazo y le entregaban un papelito con el que, en unos pocos días, podría presentarse a recoger su instante eternizado; aun así, era sólo parte del folclor. Esas fotografías, igual que flores secas, se quedaban entre las páginas de algún cuaderno o al fondo del cajón de los olvidos. Tengo, eso sí, innumerables palabras fotográficas, de las cuales, escojo algunas para compartir, con sus vivos y sus muertos, la sonrisa de mi hermano:

Alejandro, de puntitas, sobre una silla de madera, contempla desde una de las ventanas de nuestro departamento, en Gabino Barreda, la enorme carpa del circo Atayde.

Alejandro cruzando sus delgadas piernas al estilo Olimpo; nuestro padre saborea las palabras como él.

Alejandro, con sus pequeñas manos largas, talla la espalda de mamá Lita, nuestra abuela, quien disfruta su baño sabatino de eróticas burbujas.

Alejandro, a punto de llevarse a la lengua el piñón recién partido.

Alejandro jugando a las "cebollitas" con las niñas.

Alejandro apila las monedas en la cajita, ya vacía, de chicles, dulces y cigarros.

Alejandro, liberado del casquete corto y la goma de tragacanto, mueve su melena de poeta por el Paseo de la Reforma con un libro bajo el brazo.

Alejandro colocando con estruendo su Olivetti sobre una mesa del Sanborn's del pasaje Del Prado.

Alejandro cose los cojines negros (sala) de nuestro primer departamento para tertulias literarias, o lo que es lo mismo: para vivir libres y felices.

Alejandro, en su comodísimo sillón, escucha música de Agustín Lara, aspirando el aroma de su copa de coñac.

Alejandro asomándose a la olla de agua hirviendo, en donde, voluptuosas, se abren las almejas mostrando sus sonrosadas impudicias.

Alejandro rebanando generosamente el pan de cada día.

Alejandro arrojando monedas en el kiosco de Tiépolo para que el dinero, a nadie, nos falte nunca.

Alejandro en su último vuelo hacia el amor, susurrando palabras al oído del Aura de Madrid.

Alejandro en traje de lino blanco rumbo al espacio de la poesía.

Y de pilón, a la usanza de nuestros tiempos:

Alejandro Olimpo Aura Palacios, rodeado de sus diosas, ensarta estrellas en el hilo infinito de su risa.

04 enero 2010

Olimpo me llamo V




Por momentos
se abre la puertecilla
y los del otro lado
entran (¿o salen?)
a bailar con los de casa.
Pero esto es sólo
por instantes breves
porque los de adentro
(¿o los de afuera?)
intentan evitar
hasta donde es posible
que me vuelva loco.


Escúchalo en voz de Simón Guevara Aura:

03 enero 2010

.. en una foto de 1994

Pensé poner una foto el día uno, pero no, no, el poema lo ocupaba todo. Y así lo siento aún, con las decenas de intensas respuestas recibidas. Pero hoy sí, va esta foto que estaba pendiente, tomada y contada por Mario Ficachi.

Enviado el: domingo, 29 de noviembre de 2009 19:44
Asunto: Foto de Alejandro

Milagros:

Hace tiempo te dije que te enviaría una foto de Alejandro. Perdona la tardanza. Aquí está. La tomé en noviembre de 1994 durante la inauguración del Centro Nacional de las Artes. Alejandro abrazaba a todo el mundo, lo saludaba de lejos, festejaba el momento como él sabía hacerlo... con otros... con todos los que se dejaran. Aquí verás que ríe alegre. Así lo recuerdo yo. Con un sentido fiestero. Me da gusto que finalmente pueda cumplir con mi ofrecimiento.

Un abrazo.
Mario Ficachi
PS Perdonarás que te tutee. No puede ser de otra forma. Cerca del corazón de Alejandro todos fuimos TU y todos fuimos atentos a su generosidad. VALE

02 enero 2010

Olimpo me llamo IV




Es cierto: yo pongo
las palabras
pero ellas se van acomodando solas
como las piezas de un oráculo
que desconozco
y que me representa.


Escúchalo en voz de Simón Guevara Aura:

01 enero 2010

.. en este poema, de inicio ..


He memorizado este poema para entrar al nuevo año. Me nació esa necesidad, no sé de dónde. Quizá porque está lleno de claves para iniciar lo de cada día, la vida. Quizá para recitarlo por la calzada de Guadalupe, ahora que la camine un día tras otro, como he visto a decenas de personas rezar su rosario. O, quizá, por si alguien decidiera quemar todos los libros, haciendo real lo imaginado por Bradbury, y a mí me tocara salvarlo.

Es mi regalo para este año que hoy comienza:


CON QUÉ NUEVOS OJOS TE VERÉ

¿Con qué nuevos ojos te veré, vida,
ahora que salga otra vez a buscarte,
…………………………………….
leerlo completo
…………………………………….

con qué ojos renovados te veré, vida,
cuando comience a germinar mi voluntad
y emprenda con ojos nuevos de nuevo mi camino?


Se puede escuchar en su blog, pero la lectura que aquí incluyo es la que realizó el 25 de agosto de 2007 en el Centro Buñuel de Calanda. Se diferencian en que en ésta la presencia del público transforma el poema. "El poeta y el público fuimos uno", así lo definió Alejandro cuando le pregunté porque había sido tan especial aquella lectura, no la olvidaré.

Escúchalo en voz de Alejandro: